domingo, mayo 11, 2008

L'Après-midi d'un faune




La siesta de un fauno (Égloga)

EL FAUNO:
¡Estas ninfas quisiera perpetuarlas.
Palpita
su granate ligero, y en el aire dormita
en sopor apretado.

¿Quizá yo un sueño amaba?
Mi duda, en oprimida noche remota, acaba
en más de una sutil rama que bien sería
los bosques mismos, al probar que me ofrecía
como triunfo la falta ideal de las rosas.

Reflexionemos...
¡Si las mujeres que glosas
un deseo figuran de tus sentidos magos!
Se escapa la ilusión de aquellos ojos vagos
y fríos, cual llorosa fuente, de la más casta:
mas la otra, en suspiros, dices tú que contrasta
como brisa del día cálida en tu toisón.
¡Que no! que por la inmóvil y lasa desazón
-el son con la frescura matinal en reyertano
murmura agua que mi flauta no revierta
al otero de acordes rociado; sólo el viento
fuera de los dos tubos pronto a exhalar su aliento
en árida llovizna derrame su conjuro;
es, en la línea tersa del horizonte puro,
el hálito visible y artificial, el vuelo
con que la inspiración ha conquistado el cielo.
Sicilianas orillas de charca soporosa
que al rencor de los soles mi vanidad acosa,
tácita bajo flores de centellas, DECID
«Que yo cortaba juncos vencidos en la lid
por el talento; al oro glauco de las lejanas
verduras consagrando su viña a las fontanas:
Ondea una blancura animal en la siesta:
y que al preludio lento de que nace la fiesta,
vuelo de cisnes, ¡no! de náyades, se esquive
o se sumerja ...»
Fosca, la hora inerte avive
sin decir de qué modo sutil recogerá
hírnenes anhelados por el que busca el LA:
me erguiré firme entonces al inicial fervor,
recto y solo, entre olas antiguas de fulgor,
¡lis! uno de vosotros para la ingenuidad.

Sólo esta nada dócil, oh labios, propalad,
beso que suavemente perfidias asegura,
mi pecho virgen antes, muestra una mordedura
misteriosa, legado de algún augusto diente;
¡y basta! arcano tal buscó por confidente
junco gemelo y vasto que al sol da su tonada:
que, desviando de sí mejilla conturbada,
sueña en un solo lento, tramar en ocasiones
la belleza en redor quizá por confusiones
falsas entre ella misma y nuestra nota pura;
y de lograr, tan alto como el amor fulgura,
desvanecer del sueño sólito de costado
o dorso puro, por mi vista ciega espiado,
una línea vana monótona y sonora.

¡Quiere, pues, instrumento de fugas, turbadora
siringa, florecer en el lago en que aguardas!
Yo, en mi canto engreído, diré fábulas tardas
de las diosas; y, por idólatras pinturas,
a su sombra hurtaré todavía cinturas:
así, cuando a las vides. la claridad exprimo,
por desechar la pena que me conturba, mimo
risas alzo del racimo ya exhausto, al sol, y siento,
cuando a las luminosas pieles filtro mi aliento,
mirando a su trasluz una ávida embriaguez.

¡Oh ninfas, los RECUERDOS unamos otra vez!
«Mis ojos horadando los juncos, cada cuello
inmortal, que en las ondas hundía su destello
y un airado clamor al cielo desataba:
y el espléndido baño de cabellos volaba
entre temblor y claridad ¡oh pedrería!
Corro; cuando a mis pies alternan (se diría
por ser dos, degustando, langorosas, el mal)
dormidas sólo en medio de un abrazo fatal,
las sorprendo sin desenlazarlas, y listo
vuelo al macizo, de fútil sombra malquisto,
de rosas que desecan al sol todo perfume,
en que, como la tarde nuestra lid se resume. »

¡Yo te adoro, coraje de vírgenes, oh gala
feroz del sacro fardo desnudo que resbala
por huir de mi labio fogoso, y como un rayo
zozobra! De la carne misterioso desmayo;
de los pies de la cruel al alma de la buena
que abandona a la vez una inocencia, llena
de loco llanto y menos atristados vapores.
«Mi crimen es haber, tras de humillar temores
traidores desatado el intrincado nido
de besos que los dioses guardaban escondido;
pues yendo apenas a ocultar ardiente risa
tras los pliegues de una sola (sumisa
guardando para que su candidez liviana
se tiñera a la fiel emoción de su hermana
la pequeñuela, ingenua, sin saber de rubor):
ya de mis brazos muertos por incierto temblor,
esta presa, por siempre ingrata, se redime
sin piedad del sollozo de que embriagado vime.»

¡Peor! me arrastrarán otras hacia la vida
por la trenza a los cuernos de mi frente ceñida:
tú sabes mi pasión, que, púrpura y madura
toda granada brota y de abejas murmura;
y nuestra sangre loca por quien asirla quiere,
fluye por el enjambre del amor que no se muere.
Cuando el bosque de oro y cenizas se tiña,
una fiesta se exalta en la muriente viña:
¡Etna! En medio de ti, de Venus alegrado,
en tu lava imprimiendo su cotumo sagrado,
si un sueño triste se oye, si su fulgor se calma,
¡Tengo la reina!
¡Oh cierto castigo...
Pero el alma,
de palabras vacante, y este cuerpo sombrío
tarde sucumben al silencio del estío:
sin más, fuerza es dormir, lejano del rencor,
sobre la arena sitibunda, a mi sabor
la boca abierta al astro de vinos eficaces.

¡Oh par, adiós! la sombra miro a la que tomas.

Stéphane Mallarmé
(Trad. de Otto de Greiff)


Aquí, la adaptación cinematográfica, con un interesante final alternativo.

domingo, mayo 04, 2008

El día de la madre

Esta noche he soñado que insultaba a mi madre con las palabras más horribles. Aunque no era la peor, imbécil, el eco de mi voz llamándola imbécil, no deja de repetirse en mi cabeza una y otra vez. Toda mi rabia concentrada en un par de bilabiales, en esa explosión de la m y la b. No sé, a veces pienso que todo lo que soy viene de ahí, de todos esos imbécil que ella me lanzó, y de todos los que yo callé hasta que me volví más fuerte que ella. Pero ahora ella soy yo, y cualquier venganza ha dejado de tener sentido.

domingo, abril 06, 2008

Malfolladas

Ellos tienen apellidos; ella es Soraya
El trato a Sáenz de Santamaría confirma tics sexistas en el mundo político y mediático
Las mujeres en el poder sufren un trato paternalista


MARÍA R. SAHUQUILLO 05/04/2008 [El País]

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¿Por qué al presidente del Congreso de los Diputados se le llama Bono y la nueva portavoz del Partido Popular es Soraya? ¿Por qué se ha escrito de ella que es "curva, muelle y blandita"? Por sexismo. Por la misma razón que una mujer es siempre mujer antes que profesional en el ámbito público y se utiliza para denominarla su nombre de pila. Muchos hablan de que todavía hoy existe un doble rasero para medir la valía de hombres y mujeres.

Desde los 26 años Soraya Sáenz de Santamaría es abogada del Estado. Algo que ya quisieran muchos de sus compañeros. Sin embargo, en los últimos días se ha hablado de su juventud y muchos analistas políticos y tertulianos de toda índole han destacado su aspecto físico y su ropa por encima de su capacidad profesional.

Es el último ejemplo. Muchas mujeres se enfrentan a diario a comentarios como esos que subrayan sus características femeninas y dejan en segundo plano su valía, lo que les obliga a poner sobre la mesa sus habilidades de manera incesante. Esto lo sabe muy bien la vicepresidenta del Gobierno en funciones María Teresa Fernández de la Vega: "Vivimos en una sociedad patriarcal y en política a las mujeres todavía se nos juzga con un baremo distinto al de los hombres", asegura la mujer con mayor poder político en España desde 2004.

Las mujeres han alcanzado determinadas cuotas de poder. Han ocupado espacios públicos donde ya no se les cuestiona por estar pero sí se les señala con formas más sutiles. "Esta chica...", "Soraya...", "en una puesta de largo que vistió con una levita color crema...". Frases como ésta han aparecido en la prensa en los últimos días. Incluso en este periódico. También en la radio y en la televisión Sáenz de Santamaría ha sido cien veces Soraya.

Lo mismo que la candidata demócrata a luchar por la presidencia de Estados Unidos Hillary Clinton ha sido Hillary o la presidenta de Argentina Cristina Fernández, Cristina. También a Ségolène Royal se le llamaba casi siempre por el nombre de pila. Algo que sólo se emplea en las distancias cortas, que implica intimidad, cercanía. "Un síntoma de que se trata a las mujeres como invitadas toleradas en el espacio público y no como ciudadanas de pleno derecho", asegura Soledad Murillo, secretaria general de Políticas de Igualdad del Gobierno. "Una forma de intentar restar autoridad. Podría querer decir que hay una mayor proximidad pero resulta un poco sospechoso porque no se hace con los hombres", dice la ex ministra de Cultura Carmen Alborch.

Fernández de la Vega asegura que todavía hay mucha discriminación de género en la política. "Las parlamentarias padecemos el mismo sexismo que muchas otras mujeres. Sin embargo es cierto que estamos en mejores condiciones. Estamos aquí para conseguir que todas las mujeres consigan cotas de igualdad", dice. De opinión similar es la socióloga Inés Alberdi, para quien "el sexismo se usa para poner a las mujeres en inferioridad de condiciones. Cuanta más competencia hay -y en la política y en el mundo de la empresa la hay, y mucha- más se utiliza para señalar una debilidad. Para menospreciar y minusvalorar".

Aún hoy, en el siglo XXI, la idea de autoridad y poder está vinculada al estereotipo masculino. El hecho de emplear el nombre de pila para hablar de una mujer o mencionar su aspecto es sólo una muestra. "La mirada que se dirige a las mujeres políticas no es la misma con que se observa a los hombres. Las expresiones tampoco son las mismas. No hay comentarios sobre cómo visten los hombres o como se peinan", argumenta Fernández de la Vega. Esta mirada diferenciadora es, para Susana Camarero "un reflejo de que todavía existe un ramalazo de sexismo".

"Habría que preguntarse por qué suena mal decir José Luis para referirse al presidente del Gobierno y no nos chirría escuchar María Teresa, para hablar de la vicepresidenta primera", dice Pilar López Díez, profesora de Ciencias de la Información e investigadora de políticas de género y medios de comunicación. "El problema con el nombre propio es que sólo se usa en el caso de las mujeres, es una falta de respeto", dice. Muchos aseguran, sin embargo, que llaman Soraya a Sáenz de Santamaría porque su nombre es más sonoro o utilizan el nombre de pila para referirse a Hillary Clinton para diferenciarla de su marido. ¿Qué sucede sin embargo con Cristina Fernández o con Ségolène Royal? O más en la esfera local ¿por qué Pío (García Escudero, portavoz popular en el Senado) no se ve reflejado en los medios con toda la sonoridad de su nombre de pila?

Sean éstos, como dice Camarero -o no- los últimos coletazos de sexismo, aún siguen corriendo ríos de tinta sobre la ropa que llevan algunas mujeres del mundo de la política. Se ha hablado mucho sobre la extensión de las faldas de Royal o de la altura de sus tacones. Del cuidado aspecto de la presidenta de Argentina, que tuvo que esforzarse para que la llamasen por su apellido y no por el de su marido, el ex presidente Kirchner, y que se vio también obligada a explicar en la campaña electoral todos los detalles de su cosmética facial, ante la insistencia de muchos periodistas. La apariencia de la vicepresidenta Fernández de la Vega continúa siendo analizada minuciosamente.

Muchos recuerdan el día en que varias diputadas salieron del Congreso en protesta por unas palabras de Eduardo Zaplana, ex portavoz del PP en el Congreso, tras una cumbre internacional en Nairobi en la que María Teresa Fernández de la Vega se vistió con los trajes tradicionales y él la definió como "aficionada a disfrazarse".

La polémica tras las fotografías de las ministras en una revista de moda; o el día que José María Lassalle, diputado del PP por Cantabria, espetó a la ex ministra de Cultura, Carmen Calvo: "Señora ministra, a usted que le gustan tanto las declaraciones intempestivas y las sesiones fotográficas; a usted que, como decía ayer mismo no sólo nos obliga a aguantarnos a ver sus fotos en el Vogue, sino incluso a verla luciendo unos vaqueros y una camisa muy mona...".

Carmen Alborch todavía bromea sobre el alboroto que se montó en 1993 cuando llegó por primera vez al Congreso. La acababan de nombrar ministra de Cultura. "Se organizó cierto jaleo. Yo nunca pensé que fuera por mí. Luego una periodista me preguntó y caí en la cuenta". Su negra melena, de la que sobresalía una mecha roja, llamó la atención de diputados y periodistas. "Siempre la apariencia física... desde entonces siempre digo como ejemplo que los centímetros de mi falda no tienen que ver con mi capacidad", dice Alborch.

Frases y comportamientos como los anteriores podrían quedar en la simple anécdota. Sin embargo, no hacen más que demostrar el hecho de que todavía hoy la mujer es primero mujer y después profesional, no sólo en el ámbito de la política. Se suele decir que una mujer que ha triunfado siempre será una mujer que ha tenido éxito. En el caso de los hombres sólo es alguien que ha tenido éxito.

Esa tendencia no es única. "La descripción como la niña que se hace de algunas mujeres, y si son jóvenes, más, como en el caso de Soraya Sáenz de Santamaría, es intolerable. Yo estoy orgullosa de que sea la portavoz de mi grupo, y además abogada del Estado. Nadie cuestiona ni habla en esos términos de un hombre", reclama la diputada Susana Camarero.

Reseñar esa característica femenina es para Inés Alberdi una forma más de "señalar" que la política no es un "lugar femenino". Una predisposición a marcar que no es terreno de las mujeres. "Se ve claramente cuando se le da importancia a su aspecto físico, a si tienen hijos o a si están casadas o no. Y eso se hace constantemente. No hay más que recordar el caso de Ségolène Royal. No cesaban de preguntarle quién iba a cuidar a sus cuatro hijos si ganaba las elecciones a la presidencia francesa. Eso con los hombres no ocurre", reclama la socióloga.

La diputada Camarero rememora varias entrevistas en las que se le ha preguntado a la portavoz de su grupo si está casada, si va a ser madre... "¿Por qué tienen que preguntarle estas cosas...? Nadie habla sobre si Costa está casado, o de si lo está Manuel Pizarro", dice. "A la vicepresidenta siempre se le ha mirado con lupa. A Solbes no se le ha cuestionado si está gordo, delgado o normal...", remata.

Y es que la frivolidad que se usa para describir a las mujeres en política no se suele emplear con los hombres. "Hay varones que se cuidan muchísimo y sin embargo no despiertan los comentarios que se hacen de las mujeres, a quienes se atribuye ese cuidado como un déficit de su capacidad", critica Rosa María Peris, directora del Instituto de la Mujer. Parte de culpa de ello la tienen, para la profesora Pilar López Díez, los medios de comunicación, que siempre muestran de la mujer la misma imagen estereotipada: cuidadoras, amas de casa, esposas, madres o hijas de un hombre.

Pero son comportamientos que, según la diputada socialista Carmen Hermosín, están muy arraigados. "El machismo está muy en el fondo de las personas. Las cosas han cambiado y hay personas que tienen autocontrol. Otros, no", comenta.

Como Hermosín, la mayoría de las mujeres coinciden en que se ha avanzado mucho. Fernández de la Vega resalta que esos logros han sido gracias a la conquista de las propias mujeres y de algunos hombres. "Nos queda un enorme trecho", reconoce, sin embargo. La mujer aún no ha terminado de integrarse por completo en todos los ámbitos de la sociedad. A pesar de la Ley de Igualdad, en las últimas elecciones sólo hay 124 diputadas -una menos que en 2004-, cifra que no llega ni al 36%, aunque la normativa no permitía presentar en las listas electorales a menos de un 40% ni a más de un 60% de ninguno de los dos sexos en cada tramo de cinco candidatos. Queda aún mucho por hacer. Las mujeres sólo representan un 6% en los consejos de administración de las empresas que cotizan en el Ibex.

Ciertos adjetivos se emplean todavía de manera distinta para definir a hombres y mujeres. "El hecho de ser ambiciosa, por ejemplo, se utiliza como negativo cuando se habla de una mujer", dice Susana Camarero. El mismo comentario lo hace Carmen Alborch: "Una mujer ambiciosa parece que es algo negativo, pero tener ambiciones en la vida no es nada malo".

Circunstancias como esas obligan a las mujeres a mostrar continuamente sus habilidades y a ganarse cada día el puesto. "La labor política de una mujer se observa desde otra perspectiva. Siempre una mujer tiene que demostrar mucho más su valía que los hombres. A ellos se les da por supuesto", asegura María Teresa Fernández de la Vega. "Hay una doble vara de medir, un cuestionamiento de por qué estamos aquí", añade Alborch.

En ocasiones este examen perpetuo lleva a las mujeres a ponerse una coraza por la que después, muchos las definen como "duras", como destaca Susana Camarero.

A las mujeres líderes siempre se las ha reflejado de la mano de un hombre. Marido, padre, hermano. "Hillary Clinton de la mano de su marido, Indira Gandhi de la de su padre o la paquistaní asesinada Benazir Bhutto, hija de Alí Bhutto", dice Carmen Alborch. No sólo el sexismo es síntoma de desigualdad. También de paternalismo. "Una de las peores discriminaciones, porque no permite réplica. Se hace desde el cuidado no solicitado y te sitúa como menor", explica Soledad Murillo.

Muchos analistas no sólo destacan la profesión de abogada del Estado de la nueva portavoz del PP, sino que además dicen que es una persona muy lista, para inmediatamente cuestionar si sabrá desempeñar el cargo para el que ha sido llamada, porque la política es la política y hay que saberla llevar. ¿Se hubiera dicho lo mismo de un hombre con las mismas credenciales?

sábado, marzo 08, 2008

La fin du romanticisme

Número 1:

—No vengo, ¡oh Ambrosio!, a ninguna cosa de las que has dicho —respondió Marcela— , sino a volver por mí misma y a dar a entender cuán fuera de razón van todos aquellos que de sus penas y de la muerte de Grisóstomo me culpan; y, así, ruego a todos los que aquí estáis me estéis atentos, que no será menester mucho tiempo ni gastar muchas palabras para persuadir una verdad a los discretos. Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera, que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis decís y aun queréis que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo hermoso fuese feo, y siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal el decir «Quiérote por hermosa: hasme de amar aunque sea feo». Pero, puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos, que no todas hermosuras enamoran: que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen, sería un andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cuál habían de parar, porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos. Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso. Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien? Si no, decidme: si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades? Cuanto más, que habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que tengo, que tal cual es el cielo me la dio de gracia, sin yo pedilla ni escogella. Y así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprehendida por ser hermosa, que la hermosura en la mujer honesta es como el fuego apartado o como la espada aguda, que ni él quema ni ella corta a quien a ellos no se acerca.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
Miguel de Cervantes

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Número 2:

Así que cuando Cora Tull me decía que yo no era una auténtica madre, pensaba en cómo las palabras suben derechas en una fina línea rápida e inofensiva, y de qué modo terrible los hechos se quedan a ras de suelo, pegados a él de modo que al cabo de un rato las dos líneas están tan separadas que una persona no las puede pisar a la vez; y que pecado y amor y miedo sólo son sonidos que las personas que nunca pecaron ni amaron ni tuvieron miedo usan por eso que nunca sintieron y no pueden sentir hasta que se olviden de las palabras.

Mientras agonizo
William Faulkner
(Trad. de Mariano Antolín)

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Número 3:

Sentí un escalofrío en el pecho. 'No, no', dije con voz sorda.

Perdóneme, he padecido tanto tiempo en silencio... en silencio... ¿Estuvo usted con él... hasta el fin? Pienso en su soledad. Nadie cerca que pudiera entenderlo como yo hubiera podido hacerlo. Tal vez nadie que oyera...
Hasta el fin -dije temblorosamente. Oí sus últimas palabras... Me detuve lleno de espanto.
Repítalas murmuró con un tono desconsolado. Quiero... algo... algo... para poder vivir.

Estaba a punto de gritarle: ¿No las oye usted? La oscuridad las repetía en un susurro que parecía aumentar amenazadoramente como el primer silbido de un viento creciente.¡Ah, el horror! ¡El horror!'

Su última palabra... para vivir con ella insistía. ¿No comprende usted que yo lo amaba... lo amaba?

Reuní todas mis fuerzas y hablé lentamente.

La última palabra que pronunció fue el nombre de usted.

Oí un ligero suspiro y mi corazón se detuvo bruscamente, como si hubiera muerto por un grito triunfante y terrible, por un grito de inconcebible triunfo, de inexplicable dolor. "¡Lo sabía! ¡Estaba segura!..." Lo sabía. Estaba segura. La oí llorar; ocultó el rostro entre las manos. Me parecía que la casa iba a derrumbarse antes de que yo pudiera escapar, que los cielos caerían sobre mi cabeza. Pero nada ocurrió. Los cielos no se vienen abajo por semejantes tonterías. ¿Se habrían desplomado, me pregunto, si le hubiera rendido a Kurtz la justicia que le debía? ¿No había dicho él que sólo quería justicia? Pero me era imposible. No pude decírselo a ella. Hubiera sido demasiado siniestro...

El corazón de las tinieblas
Joseph Conrad
(Trad. de Sergio Pitol)

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Número 4:

Estimada Fennimore, gracias a Dios no sabes lo que dices, pero eres muy injusta con las mujeres, contigo misma. Yo creo en la pureza de la mujer.
La pureza de la mujer, ¿a qué te refieres con la pureza de la mujer?
Quiero decir... sí...
Quieres decir, yo te diré lo que quieres decir. Nada, no quieres decir nada, pues esa es una de esas delicadezas absurdas. Una mujer no puede ser pura, no tiene porqué, ¿cómo iba a poder serlo? ¿Qué es toda esa desnaturalización? ¿Acaso la mujer está destinada a serlo por la mano de Dios nuestro Señor? ¡Contéstame! No, y diez mil veces no. ¿Qué tontería es esta? ¿Por qué pretendéis lanzarnos hacia las estrellas con una mano, cuando al fin y al cabo os veis obligados a bajarnos con la otra? ¿Por qué no podéis dejarnos caminar por la tierra a vuestro lado, hombro con hombro, y ya está? ¡Pero si resulta imposible dar un paso en firme en la prosa cuando nos cegáis con vuestros fuegos fatuos de poesía! ¡Dejadnos en paz, dejadnos en paz, por Dios!

Niels Lyhne
Jens Peter Jacobsen
(Trad. de Ana Sofía Pascual)

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Número 5:

¡Espiritual! Cómo odio ese amor espiritual. No son más que flores de tela las que crecen en el suelo de este amor; ni siquiera crecen, sino que se sacan del cerebro y se clavan en el corazón porque el corazón no tiene flores. Eso es precisamente lo que le envidio a la joven, que en ella no hay nada postizo, ella no vierte el sucedáneo de los sueños en el cáliz del amor. No crea que porque su amor esté atravesado por los hilos de la imaginación y oculto tras las sombras de imágenes fantásticas que se entremezclan en una gran y fecunda vaguedad, ella prefiera las imagenes al suelo que pisa, tan solo es porque todos sus sentidos e instintos y talentos están abocados al amor, incansablemente. Porque no es porque disfrute de sus fantasías, ni siquiera porque se apoye en ellas, no, ella simplemente es real, tan real que a menudo se vuelve, a su ignara manera, cándidamente cínica. Usted no sabe, por ejemplo, cuán embriagador y placentero puede ser para una joven inhalar secretamente el traje de su amado, significa mil veces más para ella que toda una inflamación de fantasías. Desprecio la fantasía. ¿Qué sentido tiene, cuando todo tu ser anhela el corazón de un hombre, que tan solo se te permita entrar en la fría antesala de la fantasía? ¡Y cuán a menudo es así! ¡Y cuántas veces nos vemos obligadas a soportar que aquel al que amamos nos disfrace con su fantasía, nos corone con una aureola, nos ligue unas alas a la espalda y nos envuelva en un manto estrellado! Y entonces es cuando, por fin, nos encuentra dignas de ser amadas, cuando nos paseamos con toda esa parafernalia carnavalesca con la que ninguna de nosotras se encuentra a gusto, ni puede ser ella misma, porque estamos demasiado emperifolladas y porque nos confunde al postrarse a nuestros pies y adorarnos, en lugar de tomarnos tal como somos y simplemente amarnos.

Niels estaba confundido, había recogido del suelo el pañuelo que a ella se le había caído y ahora se embriagaba con su perfume. No estaba preparado para que ella lo interrogara mirándolo con tanta insistencia, precisamente ahora, cuando estaba tan absorto contemplando su mano. Sin embargo, consiguió contestar que esa era la mejor prueba del gran amor que le profesaba el hombre, pues a fin de preservar y defender el amor indecible que siente, la envuelve en un halo de divinidad.

Sí, eso es precisamente lo que resulta ofensivo dijo la señora. Pues ya somos suficientemente divinas tal como somos de verdad.

Niels sonrió complaciente.

No, no sonria, no debe tomárselo a la ligera. Al contrario, esto es muy serio, pues esta adoración, en todo su fanatismo, es absolutamente tiránica, nos obliga a adaptarnos a un ideal del hombre. ¡Corta un talón y secciona un dedo! Hay que eliminar todo aquello que en nosotras no se corresponda con su idea, si no coartándolo, pasándolo por alto, olvidándolo sistemáticamente, negándonos todo progreso. Y lo que no tenemos, o que no es en absoluto propio de nosotras, hay que llevarlo a la floración más salvaje poniéndolo por las nubes, presumiendo siempre que es el don más destacable y convirtiéndolo en la piedra angular sobre la que se construye el amor del hombre. Yo lo llamo violación de nuestra naturaleza. Lo llamo adiestramiento. El amor del hombre es domesticación. Y nosotras nos doblegamos a él, incluso las que no amamos nos sometemos, despreciablemente débiles como somos.
Niels Lyhne
Jens Peter Jacobsen
(Trad. de Ana Sofía Pascual)

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Número 6:

Cuando ella partió, al intentar hacer mi toilette en el baño, un olor repulsivo me rechazó. Llegué hasta el inodoro, levanté su tapa. Por un olvido, la verdad, toda la verdad de la vida y de la hembra estaba allí: sus materias fecales, sus excrementos tibios quizás, despidiendo un olor nauseabundo. ¡Y yo lo había besado, una y mil veces, cubierto apenas por un milímetro de su piel! ¡Yo, capaz de matar al que hubiera tratado de arrebatarme ese vientre!

Raúl Barón Biza
(fragmento citado en Vacaciones en Polonia #3)

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Ahora que, tal vez, empiezo a superar mis sueños adolescentes de convertirme en musa, de ser amada con obcecación por un poeta, un artista, de ser idealizada, de ser adorada por mil pequeños detalles (un pliegue de mi piel, la comisura de mis labios, una pestaña caída sobre mi mejilla), de producir con mi presencia un silencio sobrecogido, un rubor anhelante, de ser, en fin, objeto de una obsesión erótica absolutamente irracional, me doy cuenta de cuántos problemas me he ahorrado, de lo bien que he aprovechado el tiempo que no he malgastado haciendo de Coppelia y, en fin, de lo buena que es la perspectiva desde la silla, siendo la fea de muchos bailes. Nunca he podido ser lo que los demás querían, pero a cambio he podido ser lo que no esperaban.

P.S. Pero sí, a los diecisiete lo que habría molado es ser una musa, y que un desconocido me regalara flores... (risas). Feliz día de la femme.



domingo, enero 20, 2008

Derrota

Asumamos que finalmente he sucumbido. Con lo que yo he sido.

domingo, enero 06, 2008

Huevos revueltos



David: Así que ahora la mujer está en la cárcel, según el primo que contrató el funeral.
Nate: Apuesto a que la maltrataba. Tal vez era un pervertido sexual que la forzaba a hacer cosas raras.
David: Por favor, ¡basta! Además, te equivocas: lo único que le dijo a la policia era que él era aburrido.
Nate: ¿Eso es todo? ¿Eso fue todo lo que dijo? ... Lo peor es que lo entiendo.
David: Yo también.
Nate: A veces soy aburrido...
David: Yo también...

[Me alegro de que el señor C. no cocine demasiado, si no yo también podría acabar así el día menos pensado]

sábado, enero 05, 2008

Wes Anderson: nunca más

Acabo de ver Viaje a Darjeeling, la última película de Wes Anderson. Como siempre: todo muy bonito, los colores brillantes, perfectamente conjuntados, detallitos fetichistas hasta decir basta, canciones modernillas, un puñado de frases pseudoprofundas como de canción pop, y unos cuantos buenos actores interpretando a personajes inadaptados (pero exquisitamente vestidos) y recitando las frases más insulsas de sus vidas, algo que, por razones que desconozco, parece divertirles sobremanera. Me alegro por ellos, pero a mí no me la cuelan más. Hoy he he probado con una actitud totalmente open-minded, no esperaba nada, simplemente entretenerme, pero ni con esas. No es sólo que crea que este señor no tiene nada que decir(me), sino que sus películas me parecen videoclips, pero en largo y aburrido (pero bonitos, eso no se lo niego). Así que yo, después de tragarme Academia Rushmore, Los Tenenbaums, Life Aquatic y esta, me retiro. Que además siempre las echan en los Floridablanca, y estar sentada en esas butacas más de diez minutos es un auténtico suplicio para alguien de 1,57 como yo. Así que adiós, Sr. Anderson, que a usted le vaya bien.

P. S. Lo único que recordaré mañana de todo esto, afortunadamente, es que le he visto el culo a Natalie Portman. Y la verdad, del suyo precisamente, paso.