domingo, diciembre 18, 2005

Cortar por lo sano

"¿Qué es asaltar un banco comparado con fundarlo?"
Bertolt Brecht


Me he encontrado esta cita por casualidad en un manual de ciencia política y no tengo la más mínima intención de averiguar el contexto en el que estaba siendo utilizada. A mí, que siempre me voy por las ramas, me ha hecho pensar en la decisión de declarar desierto el primer premio Tusquets de narrativa. Se habían presentado casi 800 obras, pero el jurado, paladín de la excelencia literaria, se creyó en el deber de declarar que ninguna de ellas presentaba "méritos excepcionales".

Ah, esto sí que es un jurado y no lo del Planeta. Estos reconocen una mala novela a la legua. Nada puede hacer aquí la Mª de la Pau Janer de turno, ningún farsante logrará infiltrarse en el podio de las glorias literarias españolas. No, señores. Porque el jurado de Tusquets "ha tenido la libertad de expresar sus valoraciones sobre las novelas leídas con absoluta independencia de los intereses de la editorial y de cualquier otra consideración ajena a la literatura" y su radar para detectar el bluff literario ha funcionado con absoluta eficacia.

Ahora bien, yo creía que la finalidad de un premio literario era justamente la contraria. No pensaba que la función del jurado fuera certificar la mediocridad de las creaciones contemporáneas -que para eso al fin y al cabo ya nos bastamos nosotros solos- sino detectar en ese marasmo el milagro que todos estamos esperando.

Es muy sencillo y muy cómodo posicionarse destruyendo, por pasiva. Queda muy bien, en una discusión sobre libros, decir que nosotros sólo leemos literatura 'de calidad', es decir, literatura que nos llega ya legitimada y que no exige ningún esfuerzo crítico por nuestra parte. Es muy transgresor, en un debate sobre la televisión, salirnos por la tangente y declarar con tono altivo que nosotros hace años que prescindimos de tener un televisor en casa. Es muy fácil, como decía Bertolt Brecht, robar el banco, sí. Lo verdaderamente valioso es fundarlo, crear.

Por eso creo que para alinearse frente a la farsa del Planeta, del que por otro lado, tampoco esperamos nada, lo realmente arriesgado hubiera sido premiar una obra realmente -repito: realmente- buena, y no, como ha ocurrido, declarar el premio desierto.

"La aparición de una buena novela es fortuita", dicen, "No depende del ciclo de premios ni puede ser fruto de la cantidad de manuscritos presentados". Me cuesta creer que ese accidente de la naturaleza no estuviera presente en ninguna de las 795 obras. ¿O es que buscaban algo más? Tal vez no querían una obra excelente de un autor desconocido al que honrar con el prestigio de su premio, sino una obra pasable de un autor reconocido que honrara al premio con su prestigio. Quizás esperaban eso.

Pues que esperen. Que esperen.

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P.S. Como parece que la convocatoria del premio ha pillado algo despistados a nuestros escritores oficiales, me permito la cortesía de aportar mi granito de arena a la difusión del siguiente mensaje: "El jurado confía en que ahora mismo alguien se encuentre escribiendo las novelas merecedoras de este premio en cualquiera de sus futuras convocatorias". Crucemos los dedos.

P.S. 2: Nada me haría más feliz que tragarme estas palabras, una por una, el año que viene por estas fechas. Que yo aprieto, pero no ahogo.

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