martes, enero 31, 2006

Citas psicoanalíticas ( III )

Es nuestra mirada la que nos enferma.

13. Roman Polanski. El quimérico inquilino (1976). 5/5



lunes, enero 30, 2006

Interferencia constructiva

Me hubiera gustado saber quién fue Diego.

- - - - - - - - - -

Se fue
Félix de Azúa
19 de Enero
El Boomeran(g)

Era el mejor escritor de mi generación, pero jamás escribió una sola línea. A veces los amigos, después de escuchar boquiabiertos uno de sus relatos, le decíamos: pero hombre, Diego, por qué no lo pones por escrito, pero si es magnífico, si es que ya tienes una novela. Pero él se negaba a escribir, tenía esa desconcertante soberbia de los exageradamente modestos.

No he conocido juicio más certero que el suyo. Fue el primero en descubrir algunos escritores que a principios de los años sesenta eran casi desconocidos en España, o bien detestados como representantes del imperialismo yankee, como Vonnegut o Updike. Eran tiempos muy cutres. También acertó de inmediato con “La verdad sobre el caso Savolta” de Mendoza, novela a la que los artistas de entonces le ponían muchos reparos por comercial y vendida a las piscinas. “Lo vuestro tiene más mérito, claro –decía-, pero es que a mi me gustan las novelas”. Y éramos tan idiotas que ni siquiera nos ofendíamos.

Quienes le conocíamos mejor siempre le confiábamos nuestras cosas para que las criticara, pero era tan buena persona que no servía para nada porque si no le gustaba no podía articular palabra. Adivinábamos que habíamos escrito una basura porque jadeaba, mascullaba palabras incomprensibles y acababa congestionado y sudando y tosiendo como una enfermo terminal. Daba pena. Déjalo, Diego, ya lo entiendo. Lo intentaré de nuevo.

No quería ser escritor pero tampoco quería ser absolutamente ninguna otra cosa. Con un talento sin límites se había disfrazado de hombre vulgar. Tardaba horas en elegir la camisa más vulgar, la americana más vulgar, la corbata más vulgar (siempre llevó corbata: manchada, rota, ajada, descolgada, pero puesta), los zapatos más vulgares. Había días en que no le veías. Te cruzabas con él por la calle y no le habías visto. Entonces alguien te señalaba hacia atrás y decía, ¿pero no es Diego aquel de allí?, y era él y no lo habías visto. El era incapaz de pararte. “Me pareció que estabas ocupado”, decía, y lo decía de verdad.

Trabajó toda su vida para uno de los organismos más corruptos de la Generalitat de Cataluña, un departamento con un montón de pleitos y juicios y condenados, pero que sigue tan campante porque aquí nunca pasa nada, esto ya es la Italia de Al Capone, como decía Diego. Era fabuloso oírle hablar de sus superiores. Los superiores no sabían la bomba de nitroglicerina que tenían en la casa, pero como era bueno nunca estalló, todo se fue en risas pantagruélicas sobre aquellos cleptómanos envueltos en banderas.

Ayer lo encontraron como un pajarito, en su sillón de orejas. No he tenido el ánimo de preguntarle a su hija qué libro estaba leyendo.

- - - - - - - - - -

Recordatorio
Eduardo Mendoza
30 de enero
El País

Hace una semana murió mi amigo Diego. A su entierro acudió bastante gente, pero los medios de información no recogieron el suceso porque los medios de información sólo dan notoriedad a lo notorio, y el difunto, en este caso, había hecho lo imposible para permanecer siempre en el anonimato. Tiempo atrás había desempeñado un papel importante en un ámbito local, en un círculo no muy extenso. Poseía una inteligencia notable, una extraordinaria capacidad de asimilación y de síntesis, una memoria prodigiosa y un cerebro ordenado. Más aún: poseía como pocos el don de transmitir sus conocimientos y de confrontar las ideas ajenas con las propias, apasionadamente. Su actitud con respecto a casi todo era crítica sin concesiones.

En una época en que dominaba el panorama cultural de Barcelona una alegre y bulliciosa gauche divine, él representaba a una gauche laica, seca y silenciosa. Pero como era humilde, educado, ingenioso y cordial, podía ser radical e inflexible sin herir. Su interlocutor tenía la sensación de recibir y de compartir, no de estar siendo juzgado. De este modo, en años de incertidumbre y tanteo, estimuló y guió la actividad intelectual y creativa de muchas personas, escuchó muchas tonterías y no dijo ninguna, contrapesó por igual el entusiasmo excesivo y el desaliento estéril. Dejando aparte su amistad, algunos le debemos mucho en otros terrenos.

Él, sin embargo, no quiso participar en la carrera. Jamás sabremos si con esta determinación inamovible aumentó o disminuyó sus inquietudes. Lo mismo da. En términos objetivos no fue un malogrado. Se asignó un cometido y no otro. Nada más. Por usar un símil festivo, entrenó a un equipo que no ha ganado trofeos, pero que bien o mal todavía participa en el torneo de la cabezonería utópica. Mientras esto ocurría, él se iba arrinconando, o quizá refugiando en el silencio. No lo sé.

La semana pasada murió en forma repentina y prematura. Toda necrológica tiene un componente sentimental y edificante. Estas líneas no pretenden ser tal cosa, sino una reflexión sobre estas personas, de materia sólida pero de existencia efímera, que cumplen una labor y se van sin dejar constancia de su paso en letra impresa. Un recordatorio: el nombre, la fecha y unos versos.

14. Roman Polanski. El quimérico inquilino (1976). 4/5



domingo, enero 29, 2006

15. Roman Polanski. El quimérico inquilino (1976). 3/5



sábado, enero 28, 2006

Fin de mes

Nómina: 715
Dinero prestado a C. : 155 (de un total de 385)
Restos de la colecta de Navidad: 120 (gracias, familia)
Total ingresos: 990

- - - - - - - - - -

Alquiler: 330
Descubierto: 85
ADSL: 15
Préstamo: 80
Tarjeta crédito Gold: 170 (de un total de 270)
Tarjeta crédito Classic: 85
Transporte: 55

Total pagos: 740

- - - - - - - - - -

Saldo para vivir: 170 euros
(afortunadamente, tengo la nevera llena)


¡Tres hurras por mí!

¡Por enésimo mes consecutivo he conseguido esquivar el abismo!
Es la segunda vez que digo esto esta semana, pero es que, realmente, soy una triunfadora.

Eso sí, como venga alguien más a decirme que las lechugas del súper no son buenas... no respondo.

16. Roman Polanski. El quimérico inquilino (1976). 2/5



viernes, enero 27, 2006

Extres

Mañana sábado, dentro del espacio Denominació d'Origen (BTV, 00:30h.), se estrena Extres, una serie de reportajes realizados por la nueva productora Los Pioneros del 2000 (memorizad este nombre) y dedicados a las personas que trabajan como figurantes en el cine, la publicidad o la televisión.

El figurante es el actor anónimo, sin diálogo, el intérprete invisible que se pasea desenfocado por el fondo de la pantalla. La intención de Extres es poner en primer plano a estos personajes desconocidos y, a través de ellos, descubrir desde una nueva perspectiva el funcionamiento de la industria audiovisual.

¿Qué es lo que mueve a estas personas a trabajar durante 18 horas seguidas por 50 euros y una ensaladilla rusa? ¿Qué serían capaces de hacer por una linea de guión? ¿Cómo son sus vidas fuera de la pantalla? ¿Qué opinan de ese éxito que les esquiva una y otra vez?

La galería de personajes que aparecen en Extres es, en mi opinión, impagable, pero es la visión con la que nos los acercan estos reportajes, inteligente y libre de cinismos, la que los convierte en realmente interesantes.

En fin, yo, que soy una enchufada, he visto ya los primeros capítulos y no podía dejar de recomendároslos. Espero que aceptéis la invitación.

Extres. Sábados y domingos a las 00:30h. aprox.
En BTV (programación)


P.S. Os hubiera traído una muestra aquí, pero no puedo hacerlo hasta que los emitan. Me muero de ganas de presentaros un par de ellos. Ya os informaré.

17. Roman Polanski. El quimérico inquilino (1976). 1/5



"Dime...

¿En qué preciso momento... un individuo deja de pensar que es él mismo?

Córtame el brazo, ¿vale? Y digo: "yo y mi brazo".

Córtame el otro brazo. Y digo:"Yo y mis dos brazos".

Sácame fuera el estómago, mis riñones... asumiendo que eso sea posible... Y yo digo: "Yo y mis intestinos".

¿Me sigues?

Ahora bien, si me cortas la cabeza...
¿Qué debería decir? ¿"Yo y mi cabeza" o "Yo y mi cuerpo"?

¿Con qué derecho mi cabeza se llama a sí misma "Yo"?

¿Con qué derecho?"

Gracias por el texto, Portnoy.

Leer [+]

jueves, enero 26, 2006

La enervante intensidad de la vida

Debéis perdonarme de nuevo, poque este texto no fue escrito para ser expuesto aquí. Creo que mi blog era uno de los pocos a los que le faltaba una reseña de Tokio Blues:

- - - - - - - - - -

Pese a que Anagrama ya había publicado allá por el 1992 una de sus primeras obras, La caza del carnero salvaje, no fue hasta la aparición de la monumental Crónica del pájaro que da cuerda al mundo cuando Haruki Murakami (Kyoto, 1949) comenzó a ganarse un hueco privilegiado en las librerías. Sin embargo, su obra más emblemática, Tokio Blues, que se convirtió en un auténtico fenómeno en su país —se vendieron dos millones de ejemplares en el año de su publicación en Japón, en 1987— ha llegado inexplicablemente tarde al mercado español. A diferencia de las dos primeras, que pertenecen a la vertiente más lisérgica —o la de la alucinación historicista, que decía Rodrigo Fresán— de la obra de Murakami, Tokio Blues (Norwegian Wood, antes de adaptarse a la fonética española) se enmarcaría dentro de esa otra línea, intimista y melancólica, que ya nos mostraba en Al sur de la frontera, al oeste del sol, obra con la que guarda grandes similitudes, y que puede leerse casi como una revisitación adulta de la primera, a la que completa y junto a la que forma, de algún modo, una sola novela.

Todas ellas están construidas con esa prosa sencilla, sin secretismos, que le debe más a Salinger o a Fitzgerald que a los maestros de la literatura japonesa; y están repletas de referencias al universo pop occidental, así como de homenajes, más o menos explícitos, a los autores que forman parte de su canon personal: Mann, Conrad o el propio Fitzgerald, entre muchos otros.
En la bellísima escena inicial de Dolls, de Takeshi Kitano —otro japonés convertido en objeto de culto por el público occidental— dos marionetas de Bunraku representan una trágica escena: una joven cortesana le suplica a su amante que la abandone, consciente de que esa relación lo convertirá en un excluido. Los héroes de Murakami se encuentran en una encrucijada similar, obligados a escoger su camino y a decidir qué es lo que dejan atrás. Como marionetas cobrando vida, sólo parecen existir en el breve lapso de tiempo en el que esa vida, con una fuerza arrolladora, los despierta de su letargo. Hasta ese momento, habitaban una existencia ordinaria, un “aprendizaje del tedio”, en el que el tiempo era poco más que una sucesión de días idénticos entre sí. Las novelas de Murakami son extraordinarias en el sentido de que nos acercan a esos momentos en los que la vida es pura esencia y nos pone a prueba para saber si la merecemos.

Según la leyenda más extendida, Murakami decidió convertirse en escritor mientras asistía a un partido de béisbol. La idea de que él podría escribir una novela le sobrevino en el preciso instante en el que el bate golpeaba la bola. El mismo efecto que tuvo ese impacto en Murakami, es el que tiene en la novela la canción de los Beatles a la que debe su título, Norwegian Wood, cuando suena en el hilo musical de un aeropuerto alemán. Al ritmo que le marcan sus recuerdos, el protagonista, Watanabe, se convierte súbitamente en narrador, llevándonos con él al Tokio de finales de los sesenta.

Decía Freud que en el inconsciente no existe el tiempo, por eso con el paso de los años los recuerdos se vuelven caprichosos y tremendamente significativos. El primero de los que acuden a su memoria es el de un paisaje, al que dieciocho años antes ni siquiera había prestado atención, y una historia que le explica Naoko acerca de un pozo que nadie ha podido encontrar y en el que se cree que han caído todos aquellos que un buen día desaparecen misteriosamente. Naoko se sabe al borde de ese pozo y sabe también, como lo sabía Shimamoto en Al sur de la frontera, al oeste del sol, que nadie podrá ayudarla sin pagar por ello un alto precio, y que si intenta aferrarse a alguien, lo arrastrará con ella al fondo de ese pozo. Por eso se aleja cada vez más del mundo, obligando a Watanabe a convertirse en un espectador desolado e impotente: “Leí la carta más de cien veces. Y siempre que lo hacía me invadía una tristeza insondable. La misma que sentía cuando Naoko me miraba fijamente a los ojos. Era incapaz de soportar aquel desconsuelo, pero no podía encerrarlo en ninguna parte”.

Frente a Naoko, en el otro extremo de esa dualidad eros / tanathos que ambas representan, encontramos a Midori, llena de energia, descarada, absorbiendo con avidez cada minuto de su vida, pero tan desamparada como Naoko. La decisión de Watanabe no es, sin embargo, una elección entre dos mujeres, sino una elección vital. Es la historia de una búsqueda en la que lo verdaderamente importante no es lo que hay al final de ella, sino el propio camino.

Antes de sentarse a escribir Tokio Blues, Murakami ya había decidido que la historia giraría en torno a seis personajes, y que sólo tres de ellos se decidirían a aceptar ese reto, el de la vida, con todas sus consecuencias. Pero ni él mientras escribía, ni nosotros mientras leemos, sabemos cual va a ser el desenlace, ya que todos ellos, excepto, tal vez, Watanabe, son suicidas en potencia, y lo son porque están tremendamente vivos, se hallan inmersos en esa paradoja que Claudio Magris definió como “la imposibilidad de vivir a causa de la enervante intensidad de la vida”.

Se ha dicho de Murakami que su narrativa es superficial, cuando lo que en verdad deberíamos plantearnos es si no será nuestra visión la que peca de frívola. Porque un argumento tan sencillo como este, que podría resumirse con la manida fórmula del triángulo amoroso, puede dar lugar a interpretaciones precipitadas. No son tópicos, sino arquetipos lo que Murakami maneja, y éstos, convenientemente modernizados, siguen conservando toda su trascendencia. Tal vez por eso, Tokio Blues va a ser uno de esos libros que, dentro de dieciocho años, y sin saber por qué, va a venir de nuevo a llamar a las puertas de nuestra memoria.

- - - - - - - - - -

(¿Creen que me excedí?)

[Últimas páginas]

18. Erich Salomon. Conferencia de la Haya 1:30h. (1930)



miércoles, enero 25, 2006

19. Carnivàle. Créditos iniciales

martes, enero 24, 2006

20. Grosz dibujando sobre las ruinas de Berlín (1958)



lunes, enero 23, 2006

21. George Grosz. Los funerales del poeta Oskar Panizza (1917-1918)



"... en estos momentos estoy trabajando en una gran pintura del infierno. Una 'calle de copas', de muertes grotescas y locos, en la que ocurren muchas cosas. El demonio cabalga hacia la izquierda sobre un féretro transversal, a la derecha vomita un joven, derramando sobre el lienzo todas las hermosas ilusiones de la joventud. He dedicado la pintura a Oskar Panizza. Un hervidero de animales humanos endemoniados. Esta época está abocada a la destrucción, de eso estoy plenamente convencido."

"Por la noche, por una calle extraña, desfila una procesión de figuras deshumanizadas, sus caras convertidas en muecas elocuentes por el alcohol, la sífilis, la epidemia. Uno toca la trompeta, otro grita 'hurra'. La muerte cabalga sobre esta multitud, sobre un ataud negro, representada por el símbolo directo de un esqueleto. Mis antepasados, los maestros medievales Brueghel y El Bosco, conocían muy bien esta imagen. Ellos también vivieron el crepúsculo de una época y supieron darle expresión."

domingo, enero 22, 2006

22. Afrika Bambaataa. Peace, Unity, Love and Having Fun

sábado, enero 21, 2006

23. G.C. Beresford. Leslie Stephen y su hija Virginia (1902)



viernes, enero 20, 2006

24. Solomon Linda and The Evening Birds. (South Africa, 30's)



Leer [+]

jueves, enero 19, 2006

Hace dos noches que no sueño

Quizás por eso hoy es uno de esos días en los que me aterra la idea de morir, así, sin haber hecho todavía nada que merezca la pena.

25. Cas Oorthuys. Madrid (mayo 1955)



Ver [+]

miércoles, enero 18, 2006

26. Pierre Bourdieu. Teoría de los campos



martes, enero 17, 2006

27. Ludwig Szacinski. Henrik Ibsen en su estudio (1898)



lunes, enero 16, 2006

28. Henry Elkan. Rothko in his West 53rd Street studio (1953)



domingo, enero 15, 2006

29. Miwa Yanagi. Untitled 1 (2004)



sábado, enero 14, 2006

30. Robert Crumb. The little guy inside my brain (1986)



viernes, enero 13, 2006

31. Horst. Lisa (New York, 1938)



Treinta y un días

Debo abandonar este frenesí durante 31 días.

Les ofrezco a cambio 31 imágenes.

Prometo escogerlas bien.

Rimbaud y nosotros, de Pere Gimferrer

Rimbaud y nosotros
Pere Gimferrer
Publicaciones de la
Residencia de Estudiantes, 2005

Sólo hay dos alternativas:
Rimbaud o el silencio.


Ayer cayó en mis manos este minilibro, una conferencia de Pere Gimferrer a próposito de la inconmensurable trascendencia de Rimbaud, que pronunció dentro de las jornadas que se le dedicaron en la Residencia de Estudiantes en el centenario de su muerte (1991). Dice Gimferrer que la poesía de Rimbaud no se puede explicar, porque sólo existe en sus palabras, su poesía es "el verbo convertido en absoluto artístico".

Sus poemas permanecieron dormidos mucho tiempo, y quizás aún lo están, esperando que sepamos accionar su mecanismo. Pero no quiero sentirme una farsante, hablando de Rimbaud sin haber leído a Rimbaud. Soy tan tremendamente inculta. Ese libro simple y casualmente (¿no dije yo que no creía en las casualidades?) se abalanzó ayer sobre mí. Nada más.

"Rimbaud [...] tenía en su palabra la misma fe que puede tener -no exagero- el salvaje en la luz eléctrica. Es decir, el salvaje cree, o creía -el buen salvaje de los cuentos proverbiales- que el conmutador encendía la luz eléctrica y, por tanto, el pequeño conmutador era el dios del fuego. Algo así le ocurre a Rimbaud, es consciente, en la medida en que podemos nosotros captarlo, de que posee no sólo unas cualidades verbales excepcionales sino, sobre todo, de que ha encontrado un lenguaje que nadie a su alrededor posee y con el que puede decir cosas que nadie puede decir, y en efecto, nadie las dice. Pero cree que esto ha de tener un efecto inmediato como el conmutador de la luz. No es así: el adelanto que lleva Rimbaud respecto a su tiempo, que es inmenso, que no se mide por años, ni siquiera por décadas, sobrepasa en mucho la espera que puede tener un muchacho de diecinueve o veinte años que sabe que ha descubierto algo importante"

[Últimas páginas]

Extrañeza

No sé qué verán aquí, pero he descubierto que dos de ustedes me visitan cada día desde, atención: Japón y México (!). No puedo con mi curiosidad, ¿quién de ustedes está tan lejos? ¿Es cierto, entonces, que existen cosas, otras tierras, otras gentes, tan lejos de mí? Infórmenme, se lo ruego, que esto es un sinvivir.

P.S. Cuando he acabado de escribir lo anterior, me he percatado de que, al fin y al cabo, requiere el mismo esfuerzo visitarme desde Japón o México, que desde la casa del vecino (que por cierto, tenía pinchada mi conexión a internet)... pero, oigan, ¡a mí me hace ilusión!

jueves, enero 12, 2006

Lateral

MIHÁLY DÉS. Iba yo pensando en cómo escribir para el próximo número de lateral (el primero del 2006) mi personal salutación a la nueva era de prohibiciones –entró en vigor el pasado 1 de enero con una ley contra el humo público procedente de la incineración privada de las hojas del tabaco– cuando me sobrevino mi decisión de acabar con la revista. [+]

Confesión ( y III )

En la vida real soy muchísimo menos interesante.

miércoles, enero 11, 2006

Under the rug

A., me has encontrado, las dos lo sabemos.

Guárdame el secreto.


Crítica de la crítica, de Tzvetan Todorov

Crítica de la crítica
Tzvetan Todorov
Paidós, Col. Surcos, 2005

"Nos hubiéramos evitado muchas divagaciones, tanto en crítica como en historia, o hasta en etnología, si nos hubiéramos dado cuenta de que, así como Dostoievsky trata de decir la verdad del hombre sin que se pueda por lo mismo afirmar que la posee, el crítico aspira a decir la verdad de Dostoievsky con, por lo menos, en teoría, las mismas oportunidades de éxito"

Aunque no sé por qué razón no aparece en la edición de Paidós, Todorov se encarga de informarnos en las explicaciones preliminares de que el subtítulo de este libro es 'novela de aprendizaje'. Y esa es, sin duda, la mejor manera de definirlo. Todorov revisita, con la mirada que le proporciona toda su experiencia acumulada, las ideologías que más han contribuido a conformar su pensamiento.

El libro es también una búsqueda de la verdad -una verdad que, según sus teorías dialógicas, "existe, pero no se la posee"-, o dicho de otro modo, trata de "la posibilidad de oponernos al nihilismo sin dejar de ser ateos". Para ello, se detiene, capítulo a capítulo, en las principales ideas que han dominado a lo largo del siglo XX: el Formalismo ruso, Döblin, Brecht, Sartre, Blanchot, Barthes (que fue su director de tesis), Bajtin, y la crítica arquetípica de Northrop Frye, opositor 'radical' del método del New Criticism:

"El atomismo crítico se equivoca, ya que, cuando leemos una obra, leemos siempre mucho más que una obra: entramos en comunicación con la memoria literaria, la nuestra propia, la del autor, la de la obra misma; las obras que ya hemos leído, y hasta las otras, están presentes en nuestra lectura, y todo texto es un palimpsesto." (las negritas son mías, tan sólo para dejar constancia de lo mucho que me gusta esta última frase)

Llegados a este punto, debo confesaros que el libro tiene un par de capítulos más, pero, la verdad, perdí un poco el norte. Yo creo que es porque no nací de padres bibliotecarios, como el señor Todorov.

[Últimas páginas]

martes, enero 10, 2006

Migraine Girl


Mi cabeza, ahora.

lunes, enero 09, 2006

Citas psicoanalíticas ( II )

El psicoanálisis es la psicología del inconsciente.

The E syndrome

Me comunican que el Sr. Houllebecq, después de meditarlo concienzudamente, ha decidido incorporar otra 'e' a su apellido (y ya van tres), siendo éste ahora Houellebecq, por lo cual realizo las modificaciones pertinentes.

sábado, enero 07, 2006

La Fiera Literaria

La crítica española parece haber dimitido. ¿Me permiten que empiece así? Busco y rebusco a lo largo de interminables páginas llenas de 'críticas' y por más que me fijo no encuentro una maldita opinión.

Resulta significativo, a este respecto, un fenómeno que empecé a notar no hace mucho. Al principio no le di importancia, pensé que se trataba de una confusión generalizada. Pero la reincidencia me acabó convenciendo de que estaba frente a un fenómeno de mayor calado. Me refiero a la substitución del término 'crítica' por el de 'reseña', que no son ni mucho menos sinónimos, o al menos, no en el ámbito periodístico, que es al fin y al cabo su habitat más común:

"La reseña. Algunos autores consideran la reseña un género periodístico distinto. A mi juicio, se trata de una noticia más, aunque corta en extensión. Nos referimos a las notas breves [...] donde se recogen novedades literarias o discográficas, o de las convocatorias de actos... Noticias al fin y al cabo. Si la reseña reúne además componentes de interpretación o de opinión, habrá de clasificarse en tales géneros."

"La crítica es aquel artículo de opinión que analiza, disecciona, desmenuza y elogia o censura -parcial o totalmente- una obra artística o cultural. Se trata de un texto opinativo, claramente opinativo, pero que ha de incluir asimismo información [...] para enmarcar y explicar la obra, al margen del juicio que al crítico le merezca."

Álex Grijelmo
El estilo del periodista
Taurus, Madrid, 2002 (9ªed.)


Este señor, Álex Grijelmo (co-autor del libro de estilo de El País y, actualmente director de la Agencia EFE), lo tiene muy claro. A lo mejor porque no es crítico.

Yo tampoco lo soy, ni crítica, ni escribidora de reseñas -al menos no en la vida real, ya saben, la otra- y quizás por eso tambien lo tengo tan claro. Yo soy lectora en formación, y agradecería muchísimo que alguien me tuviese en cuenta. (Y si me apuran, somos tan pocos que deberíamos exigir que nos conocieran por el nombre.)

¿Por qué tienen los críticos españoles de hoy en día estas reticencias? ¿Se sienten abrumados, acaso, por el peso de la responsabilidad? Tal vez temen cometer alguna injusticia, dejar en la cuneta a un dios de las letras. Si fuera así, no podría menos que respetar su prudencia. Entendamos, pues, que sean condescendientes con los jovénes autores (esto es, lo que no han cumplido aún los cuarenta). Pero, ¿qué pasa con los otros? Aquí, la ceguera es tan generalizada que me cuesta creer que se deba a tan nobles fines.

En fin, no les voy a aburrir más con mis divagaciones acerca de La Verdad, creo que ya saben lo que pienso al respecto. Hoy prefiero aburrirles con las divagaciones de otros, como los señores de la Fiera Literaria ( pdf ), que están muchísimo más indignados que yo con este Olimpo de cartón-piedra que nos quieren imponer. Les dejo aquí una entrevista que concedió casi con seguridad (se mantienen en el anonimato) Manuel García Viñó, conocido por agredir más que verbalmente a Vicente Molina Foix cuando ambos fueron invitador a debatir sobre el destino de la novela en el programa de Sánchez Dragó. La lectura me ha resultado bastante decepcionante, la verdad. La rabia y el sarcasmo son los adecuados, pero su actitud chulesca, la agresividad zafia que inunda sus críticas y el hecho de que los más vilipendiados sean casi en su totalidad capitostes 'progres' me parece muy sospechoso. Además, no ofrecen ninguna alternativa definida, por lo que me parece que se trata de un movimiento en cierto modo estéril. Aún así, hay que agradecerles que sean los únicos en atreverse a proclamar ciertas verdades y, a título personal, que me hayan hecho reír. Les dejo esta crítica acompasada de "La canción de Dorotea", de Rosa Regás, para que se rían también ustedes, si es que cojean del mismo pie que yo.

Y para cerrar este post, les dejo el siguiente párrafo. Aunque no suscribo al completo lo que dice, porque no creo que la solución sea vivir como un intelectual decimonónico, me gustó la definición que se puede extraer de lo que es un auténtico escritor, un portador de Verdad:

"[...] no merece la pena perder el tiempo promocionando y hablando de esos escritores cuyos libros se convertirán en polvo con la misma rapidez que sus despojos; es mejor recordar a la sociedad lectora (que, al fin y al cabo, siendo ya tan escasa, vuelve a ser muy exigente) que Cervantes y Shakespeare, Kafka y Marcel Proust, Melville y las Brönte, Freud y Thomas Mann, Homero y Carpentier, Flaubert y Borges, Balzac y Dickens, Virginia Woolf y Joyce, y algunos más, poseen un valor seguro y son portadores de una lección que perdurará más allá del último lector del mundo provisto de inteligencia y de decoro."

Jordi Llovet
"El grano y la paja"
El País, Babelia, 17/09/05

- - - - - - - - - -

Unas horas después:

Tal vez no tan estéril al fin: "La Fiera va a servir por lo menos para que, dentro de un siglo, se sepa que no todos los españoles de este tiempo eran tontos ni carecían de sentido crítico." [+]

Citas psicoanalíticas ( I )

Cuando la bestia ruge, la razón tiembla.

Dr. J.A. Portuondo


jueves, enero 05, 2006

Últimas páginas

Como el tiempo es mi bien más escaso, y lo va a seguir siendo al menos durante el próximo año, he decidido crear este espacio minimalista para dejar constancia de mis buenas intenciones y de la imposibilidad de llevarlas a cabo como yo desearía.

Tal vez de esta manera, aunque menos trabajado, se convierta en un espacio más dinámico. Claro que eso depende en gran parte de ustedes y ahí yo ya no llego.

Un abrazo,

Miss Danae

- - - - - - - - - -

Diane Arbus, de Patricia Bosworth

Fantasmas, de Chuck Palahniuk

Vida de una niña, de Phoebe Gloeckner

Esta pared de hielo, de José María Guelbenzu

Tokio Blues, de Haruki Murakami

Rimbaud y nosotros,
de Pere Gimferrer

Crítica de la crítica,
de Tzvetan Todorov

La figura en la alfombra
, de Henry James

Derecho y cultura, de Carlos Padrós

Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq

Lo clásico y el talento individual, de T.S. Eliot

Casa de muñecas / El pato salvaje, de Henrik Ibsen

El paseo, de Robert Walser


La figura en la alfombra, de Henry James

La figura en la alfombra
Henry James
Col. La Novela Corta, J.R.S. Editor, Barcelona, 1981

Un cuento estupendo de Henry James, como todos. El protagonista se convierte en el depositario de una revelación; Hugh Vereker, uno de sus autores predilectos, le confiesa que nunca ningún crítico ha conseguido descubrir el tesoro que hay oculto en sus obras. A partir de ese momento, su búsqueda, que parece condenada al fracaso, se convertirá en una obsesión, para él y para los que le rodean. Y, yo, después de leerlo, la verdad es que no sé qué pensar. Todavía no he decidido si me lo creo o si se trata de una broma del Sr. James.
La edición de la que yo lo leí (vía fotocopia) parece agotada. En internet, he encontrado esta versión en castellano en CiudadSeva, pero la verdad, la traducción no me convence en absoluto. Para los que se vean capaces, mucho más recomendable, la original.

[Últimas páginas]

Derecho y cultura, de Carlos Padrós

Derecho y cultura
Carlos Padrós
Editorial Atelier, Barcelona, 2000

Para ser una mujer de provecho el día de mañana. He escaneado la portada sólo para demostrar que es cierto.
Bromas aparte, es un buen manual introductorio al maravilloso mundo de la legislación cultural.

[Últimas páginas]

Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq

Ampliación del campo de batalla
Michel Houellebecq
Anagrama, 2001

No acabo de entender por qué es tan polémico este hombre. Quizás éste libro, que es el único que he leído por el momento, no era el más adecuado para escandalizarse.
En fin, a mí, si me ha parecido algo, es divertido. Me quedo con párrafos como estos, con los que me reí en el tren (sola, of course):

"He tenido ocasión de darme cuenta de que los seres humanos se empeñan a menudo en distinguirse mediante sutiles y desagradables variaciones, defectos, rasgos de carácter y todo eso; sin duda con el objetivo de obligar a sus interlocutores a tratarlos como individuos de pleno derecho"

"A menudo, el enemigo ideológico se agazapa cerca de la meta, y se arroja con un grito de odio a la entrada de la última curva sobre el pensador imprudente que, embriagado al sentir que los primeros rayos de verdad rozan su frente exangüe, había descuidado tontamente cubrirse las espaldas."


[Últimas páginas]

Lo clásico y el talento individual, de T.S. Eliot

Lo clásico y el talento individual
T.S. Eliot
UNAM, 2005

¿Cómo afecta en un poeta el peso de la tradición? Según Eliot, el buen poeta sabrá imponer su propia individualidad, incorporando su eslabón a la cadena literaria. Es más, el poeta tiene incluso la responsabilidad de desarrollar a lo largo de su carrera esa "conciencia del pasado", aunque con su irrupción, "el orden existente debe alterarse, por muy ligeramente que sea; y así se reajustan las relaciones, las proporciones, los valores de cada obra de arte respecto al todo".
Por lo tanto, y esto ya son elucubraciones mías, las obras no tienen un valor autónomo sino determinado por su posición dentro de una escala, lo cual significa que existen unos criterios para ordenarlas, y que idealmente esos criterios deberían regirse por (sí, exactamente) La Verdad.

[Últimas páginas]

Casa de muñecas / El pato salvaje, de Henrik Ibsen

Casa de muñecas / El pato salvaje
Henrik Ibsen
Cátedra, 1999

No sé si estoy preparada todavía para hablar de Ibsen. El shock que me provocó la lectura de "El pato salvaje" me hizo pasarme tres estaciones de tren, y aún no se ha desvanecido del todo. A veces yo me siento un elemento así, desestabilizador, y verme reflejada en ese espejo, en el rostro de Gregorio Werle, es una experiencia que aún no he asimilado. ¿Qué derecho tiene alguien para destruir nuestra mentira vital? ¿Qué derecho tengo yo para hacerlo? ¿Qué es mejor, sufrir con la verdad o vivir con la mentira?
Es el primer libro que leo de Ibsen y pocas veces había estado tan segura de que un autor me iba a acompañar toda la vida.

[Últimas páginas]

En obras. Disculpen las molestias.

Si casualmente tenía pensado darse un paseo por aquí en los próximos minutos, le ruego me disculpe por el desorden. No sé cómo se crea una lista de categorías (y perras ganas, la verdad), así que voy a intentar hacerlo con un método casero.

Muchas gracias por su comprensión, y vigile donde pisa, no vaya usted a tropezarse con un post.

Confesión ( II )

Yo no me llamo Danae.

Señores, en pie

Acabamos de recibir la visita de una señorita (a la que algunos, estoy segura, ya conoceran).

Sólo quería dejar constancia, pueden volver a sus quehaceres.

miércoles, enero 04, 2006

No sólo nubes

Advertencia: este enlace da miedo, mucho miedo.

Para los ubicados en Barcelona y periferia puede resultar especialmente interesante pulsar repetida y exclusivamente el botón [+].

lunes, enero 02, 2006

Un lunes cualquiera

Cuando paso unos días sin tener que ir a trabajar, haber estado alguna vez allí, sentada en esa mesa en forma de luna, entre paredes color salmón, hablando constantemente con desconocidos, me parece absolutamente irreal. Me parece imposible que exista un lugar como ese, como esa casa, y mucho más que yo haya formado parte de él. Por eso, mientras subo la calle, me va invadiendo la esperanza de que haya desaparecido. Así, sin más, como arrancada de cuajo. No puede ser, no puede ser que dentro de cinco minutos, yo (¡yo!) vaya a estar representando esa farsa. No, es imposible. La esperanza se va transformando en certeza hasta tal punto que en el último tramo dudo entre seguir adelante o dar media vuelta. Estoy tan convencida de que la casa ya no está, que llegar hasta el final me parece un puro trámite. Al girar la última esquina el corazón se me acelera. Hace ya unos minutos que no me cruzo con nadie, ni personas, ni coches. Me rodea ese silencio, esa quietud que deben desprender las zonas cero. Es imposible que algo pueda seguir funcionando en medio de ese silencio. Entonces la veo. La casa sigue allí. No puedo respirar. ¿Es posible que sea cierto? Subo las últimas escaleras. Aún me queda un hilo de esperanza. Puede ser que no quede nadie dentro. O puede que se hayan vuelto todos locos. O tal vez no me reconozcan, puede que no sea yo a la que esperan. Cruzo la puerta. Me saludan. Me desean un feliz año. Le escena está envuelta en una normalidad desquiciante. Me muevo entre la incredulidad y la desesperación. ¿Cómo he podido llegar hasta aquí? ¿Cómo he podido engañarlos hasta ese punto? ¿Qué esperan de mí? Tiemblo, me angustio. Algún día me descubrirán, seguro. Ya he visto alguna mirada amenazante. “No eres de los nuestros”. No, no lo soy. Yo me río sola, me han oído. A veces incluso salgo más tarde de mi hora, sólo por sentir, al fin, el silencio. No, no soy de los vuestros. Y es tan sólo cuestión de tiempo que pongamos nuestras cartas sobre la mesa.

- - - - - - - - - -
foto de Manel Vizoso