lunes, enero 30, 2006

Interferencia constructiva

Me hubiera gustado saber quién fue Diego.

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Se fue
Félix de Azúa
19 de Enero
El Boomeran(g)

Era el mejor escritor de mi generación, pero jamás escribió una sola línea. A veces los amigos, después de escuchar boquiabiertos uno de sus relatos, le decíamos: pero hombre, Diego, por qué no lo pones por escrito, pero si es magnífico, si es que ya tienes una novela. Pero él se negaba a escribir, tenía esa desconcertante soberbia de los exageradamente modestos.

No he conocido juicio más certero que el suyo. Fue el primero en descubrir algunos escritores que a principios de los años sesenta eran casi desconocidos en España, o bien detestados como representantes del imperialismo yankee, como Vonnegut o Updike. Eran tiempos muy cutres. También acertó de inmediato con “La verdad sobre el caso Savolta” de Mendoza, novela a la que los artistas de entonces le ponían muchos reparos por comercial y vendida a las piscinas. “Lo vuestro tiene más mérito, claro –decía-, pero es que a mi me gustan las novelas”. Y éramos tan idiotas que ni siquiera nos ofendíamos.

Quienes le conocíamos mejor siempre le confiábamos nuestras cosas para que las criticara, pero era tan buena persona que no servía para nada porque si no le gustaba no podía articular palabra. Adivinábamos que habíamos escrito una basura porque jadeaba, mascullaba palabras incomprensibles y acababa congestionado y sudando y tosiendo como una enfermo terminal. Daba pena. Déjalo, Diego, ya lo entiendo. Lo intentaré de nuevo.

No quería ser escritor pero tampoco quería ser absolutamente ninguna otra cosa. Con un talento sin límites se había disfrazado de hombre vulgar. Tardaba horas en elegir la camisa más vulgar, la americana más vulgar, la corbata más vulgar (siempre llevó corbata: manchada, rota, ajada, descolgada, pero puesta), los zapatos más vulgares. Había días en que no le veías. Te cruzabas con él por la calle y no le habías visto. Entonces alguien te señalaba hacia atrás y decía, ¿pero no es Diego aquel de allí?, y era él y no lo habías visto. El era incapaz de pararte. “Me pareció que estabas ocupado”, decía, y lo decía de verdad.

Trabajó toda su vida para uno de los organismos más corruptos de la Generalitat de Cataluña, un departamento con un montón de pleitos y juicios y condenados, pero que sigue tan campante porque aquí nunca pasa nada, esto ya es la Italia de Al Capone, como decía Diego. Era fabuloso oírle hablar de sus superiores. Los superiores no sabían la bomba de nitroglicerina que tenían en la casa, pero como era bueno nunca estalló, todo se fue en risas pantagruélicas sobre aquellos cleptómanos envueltos en banderas.

Ayer lo encontraron como un pajarito, en su sillón de orejas. No he tenido el ánimo de preguntarle a su hija qué libro estaba leyendo.

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Recordatorio
Eduardo Mendoza
30 de enero
El País

Hace una semana murió mi amigo Diego. A su entierro acudió bastante gente, pero los medios de información no recogieron el suceso porque los medios de información sólo dan notoriedad a lo notorio, y el difunto, en este caso, había hecho lo imposible para permanecer siempre en el anonimato. Tiempo atrás había desempeñado un papel importante en un ámbito local, en un círculo no muy extenso. Poseía una inteligencia notable, una extraordinaria capacidad de asimilación y de síntesis, una memoria prodigiosa y un cerebro ordenado. Más aún: poseía como pocos el don de transmitir sus conocimientos y de confrontar las ideas ajenas con las propias, apasionadamente. Su actitud con respecto a casi todo era crítica sin concesiones.

En una época en que dominaba el panorama cultural de Barcelona una alegre y bulliciosa gauche divine, él representaba a una gauche laica, seca y silenciosa. Pero como era humilde, educado, ingenioso y cordial, podía ser radical e inflexible sin herir. Su interlocutor tenía la sensación de recibir y de compartir, no de estar siendo juzgado. De este modo, en años de incertidumbre y tanteo, estimuló y guió la actividad intelectual y creativa de muchas personas, escuchó muchas tonterías y no dijo ninguna, contrapesó por igual el entusiasmo excesivo y el desaliento estéril. Dejando aparte su amistad, algunos le debemos mucho en otros terrenos.

Él, sin embargo, no quiso participar en la carrera. Jamás sabremos si con esta determinación inamovible aumentó o disminuyó sus inquietudes. Lo mismo da. En términos objetivos no fue un malogrado. Se asignó un cometido y no otro. Nada más. Por usar un símil festivo, entrenó a un equipo que no ha ganado trofeos, pero que bien o mal todavía participa en el torneo de la cabezonería utópica. Mientras esto ocurría, él se iba arrinconando, o quizá refugiando en el silencio. No lo sé.

La semana pasada murió en forma repentina y prematura. Toda necrológica tiene un componente sentimental y edificante. Estas líneas no pretenden ser tal cosa, sino una reflexión sobre estas personas, de materia sólida pero de existencia efímera, que cumplen una labor y se van sin dejar constancia de su paso en letra impresa. Un recordatorio: el nombre, la fecha y unos versos.

6 Comments:

  • ¿Alguien sabe algo más?

    Me interesa de verdad.

    By Blogger Danae, at 30/1/06 20:16  

  • Danae, me has quitado la pregunta que iba a hacerle a Portorosa. Ya tenemos dos misterios: qué preguntó Portorosa al emigrante y quien es Diego. A ver si alguien nos ayuda a resolverlos....

    By Blogger princesadehojalata, at 31/1/06 01:29  

  • bueno, emigrante ó inmigrante, todo depende desde donde lo estés mirando..

    By Blogger princesadehojalata, at 31/1/06 01:31  

  • Hola.
    Lo del in/emigrante, que no tenía ningún interés, ya lo he contestado.
    Y yo, al leer la columna de ayer de Mendoza, también me pregunté si era el mismo Diego que el de Azúa, y quién habría sido. Desde luego, no debía de ser ningún mediocre.

    Necesitamos ayuda, me temo.

    By Blogger Portorosa, at 31/1/06 08:41  

  • Yo tampoco lo sé. Y ayer, después de leer a Mendoza, me pareció un crimen no haberlo conocido. O un crimen que sus allegados lo mantuvieran en el anonimato verbal hasta la fecha de su muerte. ¿Por qué Mendoza no habló antes de él, por ejemplo? En fin.

    By Blogger innes, at 31/1/06 23:57  

  • Innes, nadie se acuerda del que pone el burro...

    By Blogger Danae, at 1/2/06 00:46  

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