jueves, enero 26, 2006

La enervante intensidad de la vida

Debéis perdonarme de nuevo, poque este texto no fue escrito para ser expuesto aquí. Creo que mi blog era uno de los pocos a los que le faltaba una reseña de Tokio Blues:

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Pese a que Anagrama ya había publicado allá por el 1992 una de sus primeras obras, La caza del carnero salvaje, no fue hasta la aparición de la monumental Crónica del pájaro que da cuerda al mundo cuando Haruki Murakami (Kyoto, 1949) comenzó a ganarse un hueco privilegiado en las librerías. Sin embargo, su obra más emblemática, Tokio Blues, que se convirtió en un auténtico fenómeno en su país —se vendieron dos millones de ejemplares en el año de su publicación en Japón, en 1987— ha llegado inexplicablemente tarde al mercado español. A diferencia de las dos primeras, que pertenecen a la vertiente más lisérgica —o la de la alucinación historicista, que decía Rodrigo Fresán— de la obra de Murakami, Tokio Blues (Norwegian Wood, antes de adaptarse a la fonética española) se enmarcaría dentro de esa otra línea, intimista y melancólica, que ya nos mostraba en Al sur de la frontera, al oeste del sol, obra con la que guarda grandes similitudes, y que puede leerse casi como una revisitación adulta de la primera, a la que completa y junto a la que forma, de algún modo, una sola novela.

Todas ellas están construidas con esa prosa sencilla, sin secretismos, que le debe más a Salinger o a Fitzgerald que a los maestros de la literatura japonesa; y están repletas de referencias al universo pop occidental, así como de homenajes, más o menos explícitos, a los autores que forman parte de su canon personal: Mann, Conrad o el propio Fitzgerald, entre muchos otros.
En la bellísima escena inicial de Dolls, de Takeshi Kitano —otro japonés convertido en objeto de culto por el público occidental— dos marionetas de Bunraku representan una trágica escena: una joven cortesana le suplica a su amante que la abandone, consciente de que esa relación lo convertirá en un excluido. Los héroes de Murakami se encuentran en una encrucijada similar, obligados a escoger su camino y a decidir qué es lo que dejan atrás. Como marionetas cobrando vida, sólo parecen existir en el breve lapso de tiempo en el que esa vida, con una fuerza arrolladora, los despierta de su letargo. Hasta ese momento, habitaban una existencia ordinaria, un “aprendizaje del tedio”, en el que el tiempo era poco más que una sucesión de días idénticos entre sí. Las novelas de Murakami son extraordinarias en el sentido de que nos acercan a esos momentos en los que la vida es pura esencia y nos pone a prueba para saber si la merecemos.

Según la leyenda más extendida, Murakami decidió convertirse en escritor mientras asistía a un partido de béisbol. La idea de que él podría escribir una novela le sobrevino en el preciso instante en el que el bate golpeaba la bola. El mismo efecto que tuvo ese impacto en Murakami, es el que tiene en la novela la canción de los Beatles a la que debe su título, Norwegian Wood, cuando suena en el hilo musical de un aeropuerto alemán. Al ritmo que le marcan sus recuerdos, el protagonista, Watanabe, se convierte súbitamente en narrador, llevándonos con él al Tokio de finales de los sesenta.

Decía Freud que en el inconsciente no existe el tiempo, por eso con el paso de los años los recuerdos se vuelven caprichosos y tremendamente significativos. El primero de los que acuden a su memoria es el de un paisaje, al que dieciocho años antes ni siquiera había prestado atención, y una historia que le explica Naoko acerca de un pozo que nadie ha podido encontrar y en el que se cree que han caído todos aquellos que un buen día desaparecen misteriosamente. Naoko se sabe al borde de ese pozo y sabe también, como lo sabía Shimamoto en Al sur de la frontera, al oeste del sol, que nadie podrá ayudarla sin pagar por ello un alto precio, y que si intenta aferrarse a alguien, lo arrastrará con ella al fondo de ese pozo. Por eso se aleja cada vez más del mundo, obligando a Watanabe a convertirse en un espectador desolado e impotente: “Leí la carta más de cien veces. Y siempre que lo hacía me invadía una tristeza insondable. La misma que sentía cuando Naoko me miraba fijamente a los ojos. Era incapaz de soportar aquel desconsuelo, pero no podía encerrarlo en ninguna parte”.

Frente a Naoko, en el otro extremo de esa dualidad eros / tanathos que ambas representan, encontramos a Midori, llena de energia, descarada, absorbiendo con avidez cada minuto de su vida, pero tan desamparada como Naoko. La decisión de Watanabe no es, sin embargo, una elección entre dos mujeres, sino una elección vital. Es la historia de una búsqueda en la que lo verdaderamente importante no es lo que hay al final de ella, sino el propio camino.

Antes de sentarse a escribir Tokio Blues, Murakami ya había decidido que la historia giraría en torno a seis personajes, y que sólo tres de ellos se decidirían a aceptar ese reto, el de la vida, con todas sus consecuencias. Pero ni él mientras escribía, ni nosotros mientras leemos, sabemos cual va a ser el desenlace, ya que todos ellos, excepto, tal vez, Watanabe, son suicidas en potencia, y lo son porque están tremendamente vivos, se hallan inmersos en esa paradoja que Claudio Magris definió como “la imposibilidad de vivir a causa de la enervante intensidad de la vida”.

Se ha dicho de Murakami que su narrativa es superficial, cuando lo que en verdad deberíamos plantearnos es si no será nuestra visión la que peca de frívola. Porque un argumento tan sencillo como este, que podría resumirse con la manida fórmula del triángulo amoroso, puede dar lugar a interpretaciones precipitadas. No son tópicos, sino arquetipos lo que Murakami maneja, y éstos, convenientemente modernizados, siguen conservando toda su trascendencia. Tal vez por eso, Tokio Blues va a ser uno de esos libros que, dentro de dieciocho años, y sin saber por qué, va a venir de nuevo a llamar a las puertas de nuestra memoria.

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(¿Creen que me excedí?)

[Últimas páginas]

17 Comments:

  • Hola Danae! Desde que encontré tu blog hace unos días vengo leyéndote y viendo esas magníficas fotos. No he leído nada de Murakami pero me has despertado la curiosidad, gracias por descubrírmelo. No te has excedido. Enhorabuena por tu blog y hastaa pronto.

    By Blogger princesadehojalata, at 26/1/06 12:22  

  • No sé si te has excedido... cuando escribas la reseña de la "monumental" Crónica del pájaro que da cuerda al mundo hablaremos.
    Ahora no recuerdo si escribí sobre Tokio Blues... me pareció una obra mínima, correcta, pero intrascendente. Sigo prefiriendo al Murakami del pájaro y del carnero.
    Un saludo

    By Blogger Portnoy, at 26/1/06 15:21  

  • Acabo de descubrir tu blog y ya, con sólo un vistazo, me tiene entusiasmada. Tengo ganas de ir descubriéndola poco a poco.

    By Blogger Filibustera, at 26/1/06 18:16  

  • Entonces, Portnoy, entiendo que sí consideras que me excedí. La verdad es que no estoy nada satisfecha de esta reseña (ni de ningún otro texto, pero ese es otro tema), por eso he tardado tanto en colgarla aquí, y por eso, precisamente, he acabado haciéndolo. Para que la desmontéis.

    Sí me permites que te lo recuerde, sí, tú también hablaste de Tokio Blues hace unos meses, aunque de forma tangencial. He buscado tu reseña esta mañana. Me ha gustado mucho el párrafo final, creo que (si te he entendido bien) es la misma idea que yo quería expresar respecto a los personajes de Murakami.

    Dices que es una obra mínima. Yo creo que es auténticamente popular. Y ese mérito tampoco es desdeñable. Esa historia, esos personajes, conectan de alguna forma con un sustrato común.

    Si te soy sincera, no sé en qué medida lo habría valorado si me hubiera ceñido estrictamente a la forma, pero soy incapaz de desconectar el libro de su recepción. No sé si me explico.

    El libro es extremadamente sencillo, es cierto, pero, ¿es eso necesariamente malo? Y que el libro sea sencillo, ¿significa que lo sean también las ideas que maneja? ¿No tiene valor que las sepa contener en una historia tan accesible?

    En fin, son preguntas abiertas.

    Te confieso que no he leído Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, lo he tenido en las manos muchísimas veces, pero hasta Tokio Blues no había leído nada de Murakami. Si hubiera podido escoger (cómo echo de menos escoger mis lecturas...), sin embargo, hubiera empezado por la Caza del carnero salvaje, que, a priori me interesaba mucho más. Estoy más cerca, creo, de ese tipo de visión.

    Gracias por tu comentario, me alegro de que sigas pasándote por aquí.

    Un saludo.

    By Blogger Danae, at 26/1/06 23:19  

  • Princesa de hojalata y Filibustera, muchas gracias por vuestros comentarios. Una también tiene su corazoncito...

    By Blogger Danae, at 26/1/06 23:21  

  • Como no he leído ni éste ni ningún otro libro de Murakami, no sé si tu crítica les hace justicia, pero a mí, como texto, como reflexión, sí me ha gustado, y bastante.
    Y no creo que te hayas excedido, Danae.

    Un beso.

    By Blogger Portorosa, at 27/1/06 12:53  

  • Gracias, Portorosa.

    By Blogger Danae, at 27/1/06 13:23  

  • Claro que paso... no recuerdo cual era esa última frase, ni si te refieres a algo que debo desarrollar más ampliamente (tampoco yo estoy muy satisfecho con lo que escribo): Islas y terremotos.
    ¿Ves las islas y los terremotos en Tokio Blues?

    By Blogger Portnoy, at 27/1/06 16:09  

  • Ese último párrafo es este:

    "No hay lugar para el nihilismo, ni para el solipsismo en una civilización que arrolla a quien se queda quieto, pero, sin embargo, esa es la posición que adoptan los protagonistas de las novelas de Murakami, conscientes de que en ese mundo frenético alguien debe asumir la parsimonia ceremonial del que contempla sin intervenir. Pero esa tendencia se rompe, ese quietismo no puede perdurar. Watanabe debe escoger entre la locura y la razón (una locura razonable, una razón alocada); Okada contempla como su universo se desmorona cuando su mujer desaparece, cuando el pájaro deja de dar cuerda al mundo.
    Cuando eso ocurre, cuando la llavecita se pierde y el mundo no puede funcionar, entonces es momento para la literatura."


    Respecto a la relación insularidad/inestabilidad, he releído lo que escribiste aquí... Veo las islas, pero, no sé por qué, yo las relaciono más con el aislamiento. Leyendo Tokio Blues y Al sur de la frontera, me da la sensación de que el héroe se lanza al mar, que es el único que le ofrece una salida. Parte en busca de otras islas, pero descubre que le es imposible acceder a ellas, porque están tan herméticamente cerradas como la suya. Por eso vuelve a su isla, pero ahora, después de su viaje, ya no es la misma. Ha aprendido a aceptarla.
    Veo ese aislamiento, en definitiva, tanto en la constatación de la imposibilidad de 'tocar' al otro, como en la presión de una sociedad aislada que asfixia al protagonista (y al propio Murakami, en su día).

    Deberías desarrollar esa intuición. A ver adónde te lleva.

    Un saludo.

    By Blogger Danae, at 27/1/06 20:20  

  • POR SUPUESTO QUE NO TE HAS EXCEDIDO

    By Anonymous jon mikel altuna, at 28/1/06 20:42  

  • AHÍ VA... UN AUTÉNTICO FAN DE MURAKAMI! (risas, por las mayúsculas exclusivamente)

    By Blogger Danae, at 28/1/06 20:45  

  • Yo tenía todos los prejuicios contra esta novela, pero a partir de esta reseña me lo pensaré...
    Sin embargo, hay que aclarar que el cambio de Bosque Noruego a Blues de Tokyo no fue por adaptarse a la fonética española, sino porque la editorial juzgó que el lector hispano era demasiado idiota para leer el título original.

    By Blogger El Fuego Camina Conmigo, at 30/1/06 19:36  

  • Oruga (¿Oruga?),

    Ese comentario acerca del cambio para adaptarse a la fonética pretendía ser irónico... (¿no se entiende?) Estoy de acuerdo contigo, Norwegian Wood era demasiado complicado. El título, claro, sale perdiendo con el cambio, pero a mí me parece que Tokio Blues, como marca, como producto, es inmejorable.

    En cuanto a tus prejuicios, ¿cuáles eran? ¿Cómo aparecieron?

    By Blogger Danae, at 30/1/06 20:44  

  • Sí: Oruga.

    Pues salieron de leer la primera página...

    By Blogger El Fuego Camina Conmigo, at 6/2/06 03:16  

  • Toko BLues es una gran novela, pero tiene mejores críticas aún su última obra, Kafka on teh Shore, mejor obra narrativa para el New York Times en 2005, pero que todavía no ha llegado a España.

    By Blogger Auggie, at 25/4/06 13:51  

  • No considero excesiva la crítica a Norwegian Wood. Lógica y natural, la novela causa un gran entusiasmo, a mi me lo causó al ser mi primer contacto con Murakami pero no creo que sea solo una obra correcta.

    Sabe transmitir como Salinger y Fitzgerald la sensación del estar en un lugar determinado, en este caso el Tokyo de la segunda mitad del siglo XX y para mi sabe crear poderosas imágenes cercanas como ver al sensible Watanabe triste en su habitación escuchando Kind of Blue o John Coltrane.

    Lo que pasa es que "La caza del carnero salvaje" tiene unas nada molestas dosis de inteligencia y surrealismos más elevados, y partiendo de un esquema narrativo similar la posterior "Al sur de la frontera, al oeste del sol" es perfecta e intensa, sin ningún fallo.

    ¡Un saludo!

    By Blogger Alvy Singer, at 30/6/06 22:53  

  • Segundo y último post serio por ahora, ponerme tan estupendo me agota el cerebro y me hace coger ganas de salir corriendo a por cerveza, tintorro y sangría.

    Bien.

    Estoy de acuerdo con tu primera réplica (Entonces, Portnoy). Me molesta que, intelectualmente, a veces esté mal visto aquello que es tan sencillo como contundente y/o brillante. Para mí, un libro como "El camino" -por poner un ejemplo que quizá no sea el mejor, pero que asocio mucho a mis inicios como lector más "en serio"- nunca va a caducar. El poder de una gran historia bien contada (con todo lo vago que es esto que acabo de decir; ¿qué es una gran historia? ¿qué quiere decir bien contada?) es algo muy, muy fuerte y creo que es lo que nos enamoró a todos de esto de leer, al menos a los que empezamos de pequeños. Parece que esto no se puede decir, y que todos tenemos que escribir que lo mejor que hay es el último experimento hiperpos-posmoderno (al que, ojo, yo estaré atento y puede gustarme mucho, siempre que esté hecho con honestidad, rigor y ambición real, no epatante).A riesgo de parecer Fernando Savater, jej, diré que "La isla del tesoro" fue lo que me enseñó a leer a los 6 o 7 años y pensaré toda la vida que un libro así es el PARAÍSO. Aunque haya leído a algunos teóricos sesudos que me tildarían de cursi por decir esto.
    Dicho esto, cuando yo leí "Tokio blues", que me gustó bastante, por si no lo había dicho -y por motivos parecidos a los que citas en el párrafo "Para ser sincera...". Creo que esa incapacidad es una cierta inocencia que, aunque todos los que nos dedicamos a esto de una manera u otra perdemos, y debemos perder porque para ello nos pagan (o no), es bonito mantener. A riesgo, otra vez, de que se me acuse de cursi por decir "inocencia" o "bonito"-,
    cuando lo leí, pues, digo, venía precedido de una crítica tan hiperbólica como suele hacerlas cuando algo le entusiasma (cosa que me resulta tan entrañable e "inviting", ahora no me sale en castellano, perdón por la pedantería, como un pelín estomagante al final por su ubicuidad y perpetua flipadez) de Rodrigo Fresán donde decía que por libros así deberían darle el Nobel a Murakami. Si bien todos sabemos que, a estas alturas, el Nobel no significa ya tanto, esperaba mucho cuando lo leí, y creo que no era para tanto, que hubo un poco de "hype" ahí. Pero lo cierto es que, años después, aún recuerdo el libro bastante bien, como tú dices que pasa con él, y eso no se puede decir de tantos. La sombra de Salinger es muy, muy alargada y para mí no tiene ese ALGO (perdón por la empalagosa retórica de la inefabilidad) que hace de "El guardián" una obra maestra -y que, en realidad, creo que podría apurar un poco más lo que es, pero ahora no es el momento y quizá sea irse del tema-, pero comparte con él su tristeza lúcida, la potencia de sus personajes y la universalidades de esos arquetipos con los que aún nos identificamos.
    Así que, aunque no está entre mis libros preferidos, sin duda, aún está en mi memoria...Mi opinión, pues, es que, aunque creo que te entusiasmó más que a mí -aunque igual mi post pueda dar a entender lo contrario- si te excediste, no fue tanto, ni fue imperdonable. Quizá un poquitín, jeje. Pero el entusiasmo es, creo yo, lo más contagioso, y seguro que tu texto ha hecho que gente leyera el libro. A riesgo de ser tachado de cursi otra vez (3 aviso: a la calle) creo que esa es una de las mayores cosas a las que puede aspirar un crítico.

    Otro abrazo fuerte.

    (y, ahora, a trabajar ya! Jeje)

    By Anonymous Marc García, at 2/12/10 18:09  

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