lunes, febrero 27, 2006

Citas psicoanalíticas ( IV )

A la mayoría, les vive la vida.

Otros, los menos, consiguen vivir la vida.

Pero tan sólo unos pocos logran lo más difícil: vivir su vida.

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Sigan el loop.

viernes, febrero 24, 2006

La sociedad del espectáculo, de Guy Debord

Les pido disculpas porque llevo unos días ejerciendo más como rastreadora de otros mundos que como autora de este blog, pero creo que los temas lo merecen.

Respecto a este libro, he preferido no hablar de él con mis palabras porque aún estoy en pleno proceso de asimilación completa de las suyas. El texto que sigue me ha parecido muy adecuado, y lo reproduzco por completo porque procede de la web del Forum 2004 y el link me pareció un tanto efímero.

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«A medida que la necesidad resulta socialmente soñada, el sueño se hace necesario. El espectáculo es la pesadilla de la sociedad moderna encadenada que, en última instancia, no expresa sino su deseo de dormir. El espectáculo es el guardián de este sueño». Estos lemas enardecieron el ideario revolucionario de la década de 1960, cuando París era una de las capitales de la revuelta y Guy Debord uno de sus líderes. La «hermandad» a la que pertenecía Debord –la Internacional Situacionista, fundada en 1957 y última de las vanguardias del siglo XX–, en la pura esencia de la contracultura, buscaba «una autonomía sin restricciones ni regulaciones», así como la fórmula mágica para destruir el mundo conocido desde el poder revolucionario del arte. El situacionismo ambicionó que la vida cotidiana se convirtiese en un subproducto del arte; en un medio para dar forma artística a la existencia.

Guy Debord concibe el espectáculo como el producto básico de la sociedad moderna. En la sociedad del espectáculo existe un nuevo sujeto de gobierno y por lo tanto un nuevo modo de ejercer el poder. La política se ha convertido en un espectáculo y el ciudadano, en espectador de la teatralización o de la escenificación de los poderosos para mantener el orden dominante. El espectáculo nace con la modernidad urbana, con la necesidad de brindar unidad a las poblaciones mediante la imposición de modelos culturales y funcionales a escala total. La vida espectacular, en el sentido que da Debord a este término, es la vida tal cual la aceptamos en la actualidad.

La sociedad del espectáculo es una sociedad sin política, en la que los individuos se han visto desposeídos brutalmente de las posibilidades y de los riesgos de la acción. Los espectadores viven en la seguridad de una existencia tranquila, pacífica y administrada, o bien víctimas de la exclusión y de la precariedad; viven bien en la monotonía, en el aburrimiento, bien en el desquiciamiento; se muestran incapaces de reunirse con otros para hacer algo nuevo, e incapaces de afrontar los riesgos de su propia actividad, porque sufren las fluctuaciones ingobernables de un sistema absurdo y criminal. La facultad humana para la acción se reemplaza por la contemplación inquieta y admirada de unas fuerzas que han escapado a nuestro control. El espectador no actúa. La alienación coloniza todos los ámbitos de la vida: estamos alienados cuando trabajamos, pero todavía más cuando no lo hacemos. El espectáculo es el nuevo opio del pueblo y en la sociedad del espectáculo se ha producido una absoluta despolitización de la vida.

«A los espectadores les une una relación unidireccional con el centro mismo que los mantiene aislados a unos de otros. […] El espectador no se encuentra en casa en ningún sitio, porque el espectáculo se encuentra en todas partes. […] La función del espectáculo en la sociedad consiste en la fabricación concreta de la alienación. […] El espectáculo corresponde al momento histórico en el que el producto completa su colonización de la vida social. […] La mercancía es ahora todo lo que hay que ver; el mundo que observamos es el mundo del producto.»

En el fondo, la sociedad del espectáculo supone la ausencia definitiva de libertad, porque el pueblo piensa que se está divirtiendo, cuando en realidad es un mero espectador pasivo. Debord denuncia cómo la «cultura espectacular» ha venido a desorganizar la antigua unidad de la clase trabajadora garantizada por una «cultura festiva en común». En esta obra con resabios autobiográficos, Guy Debord se enfrenta a la voluntad imperialista de los criterios comerciales, dispuestos a invadir cualquier reducto de la intimidad o la inteligencia y desarrolla un esclarecido antídoto contra los agresiones como los programas televisivos –y no sólo los de madrugada–.

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Guy Debord (París 1931-1994) fue aventurero, escritor, pensador estratégico y cineasta. En 1957 fue miembro fundador de la organización revolucionaria Internacional Situacionista y de la revista de mismo nombre y talante, que dirigió hasta que se autodisolvió en 1972. Entre sus libros destaca La sociedad del espectáculo (1967: Editorial Pre-Textos, 2000), 221 tesis dirigidas frontalmente contra el reinado autocrático de la demencia económica y las nuevas técnicas de gobierno que lo refuerzan de varias formas: urbanismo, ideología, cultura, etc. En 1989 escribió Panegírico, un autorretrato crudo y sin concesiones. A punto de cumplir los 63 años, Guy Debord se quitó la vida en 1994.

Desde el jardín

Pagaría una buena suma por haber sido yo la autora de este fragmento perfecto. Cuántas veces habré tratado de expresar esa idea, y cuántas veces no me he quedado más que a la puertas. Esto, señores, es otro de los síntomas de la Sociedad del Espectáculo:

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"La cultura de masas, con la televisión a la cabeza durante tantos años, confiere la creación de determinantes y continuas estructuras de plausibilidad con las que se construyen nuevos imaginarios y símbologías que posibilitan la orientación del sentido. La imagen se ha despegado totalmente de los cuerpos y todo lo que estos contienen, para servir de claro apoyo en la concepción previa, que ya es casi definitiva, y facilitar el camino del prejuicio. A su vez, éste se potencia en la construcción social de la realidad, ya sea de manera positiva o negativa, articulándose a través de los medios y sus designios.

El vistazo, más que la mirada -que requiere de un encuadre, un enfoque, en fin, de cierta elaboración simultánea al procesamiento-, se impone en su plenitud en la sociedad de la información."

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Más en GDO, por favor, sigan leyendo.

Una visión

Pesadilla cotidiana de un ser especial en el planeta de los no-vivos

Fragmento de conversación
entre Danae y Wearenormalandwewantourfreedom interceptada a través del Messenger. (Para los que no estuvieron presentes, les recordamos que en el episodio anterior asistimos al emotivo reencuentro virtual de los susodichos, que, aclaramos, en la vida real compartieron techo durante cuatro años de su primera juventud)


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"(...) al menos ahora, cuando hago algo mal me digo: ¿qué haces? Y lo dejo de hacer. Intento estar mas sereno y mirar hacia arriba. Es algo que hace tiempo me obsesiona, siempre miro al suelo y nunca a la cara

(...)

Hace poco me vi, como una persona normal, inadvertida, y la gente no me miraba. Y es que a veces tengo paranoia cuando voy por la calle y alguien se me queda mirando. Pienso: ¿qué pensará de mí (porque me mira a mí). ¿Será porqué yo les miro? ¿O será porque soy así?

(...)

Paranoia aguda."

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Fin. (En fin).

jueves, febrero 23, 2006

Repeat One

¿Cuántas veces seguidas es capaz de escuchar una misma canción un ser humano? Yo llevo varias semanas poniendo a prueba mi resistencia. Incluso a mí me ha sorprendido este retorno tan rotundo a uno de los temas principales de mi teenage soundtrack.

Aquí les dejo a Mr. Mojo Risin'. Al Rey Lagarto. Al exhibicionista y al atormentado. Al paranoico y al depresivo. Al ninguneado y al sobrevalorado. En fin, al que yo creo que ni unos ni otros han llegado todavía a comprender. A veces ocurre esto con la cultura pop: deja de ser significante para ser meramente funcional. Y ahí se quedan esos discos, eternamente adolescentes, para poder seguir recordándonos nuestra propia adolescencia.



Hyacinth House - The Doors


Hyacinth House

What are they doing in the Hyacinth House?
What are they doing in the Hyacinth House?
To please the lions this day

I need a brand new friend who doesn't bother me
I need a brand new friend who doesn't trouble me
I need someone, yeah, who doesn't need me

I see the bathroom is clear
I think that somebody's near
I'm sure that someone is following me, oh yeah

Why did you throw the Jack of Hearts away?
Why did you throw the Jack of Hearts away?
It was the only card in the deck that I had left to play

And I'll say it again, I need a brand new friend
And I'll say it again, I need a brand new friend
And I'll say it again, I need a brand new friend, the end

miércoles, febrero 22, 2006

Insatisfacción crónica

Algunas veces se crea en torno de mí una especie de expectativa entusiasta.

Otras, sin embargo, no me rodea más que una hermética indiferencia.

No sé cuál de las dos me hace sentir peor.

(Afortunadamente, son muy respetuosas con los turnos.)

domingo, febrero 19, 2006

Vida de una niña, de Phoebe Gloeckner

Vida de una niña
Phoebe Gloeckner
La Cúpula, 2005

Tal vez esta sea una afirmación poco meditada, pero hoy me he despertado pensando que toda obra puede explicarse a través de la crítica biográfica. El problema es, creo, que este tipo de interpretaciones se basa a menudo en aspectos muy superficiales, demasiado ligados a la vida visible del autor. Y como ya sabemos, esa vida visible es sólo la punta del iceberg: contiene únicamente aquellos elementos que deseamos mostrar o que no somos capaces de ocultar. La reflexión por tanto se anula a sí misma: la clave se encuentra en el interior de una gruta a la que nos es imposible acceder, en primer lugar por su hermetismo, y en segundo, porque cualquier descubrimiento será automáticamente deformado por nuestra propia mirada. Tal vez por eso sea mucho más acertado, o al menos, más efectivo, acercarnos a una obra despojados de toda subjetividad y analizarla como un artefacto absolutamente autónomo, asumiendo que fue escrita por alguien a quien jamás lograremos conocer.

Sin embargo, yo soy incapaz de ese tipo de aproximaciones. Sobre todo cuando ese ‘artefacto’ es obra de una mujer. La lectura se convierte entonces en una búsqueda incesante de lo que hay detrás, reforzada a menudo por la sospecha de que eso era exactamente lo que ellas querían, que alguien las encontrara. Aunque sé que es posible que este deseo sólo sirva para delatar mi propio narcisismo, no puedo evitar que pasar cada página sea para mí como descorrer una cortina.

Díganme: si ustedes hicieran como yo, y empezaran a leer este cómic por el final, ¿podrían desligar la lectura de ese aire psicótico que hay en la mirada de la Phoebe Gloeckner adulta? ¿Podrían desligarla de lo que explica Robert Crumb de ella en su introducción? ¿Podrían olvidar por un momento que Minnie, Sally y Penny son en realidad la propia autora, y que esa vida horrible que relata es la suya? Yo no, y quizás eso me impida valorar correctamente otros aspectos, narrativos o gráficos, de su obra. Y quizás explique también, junto a otros motivos, porque, pese a valorar el arte por encima de cualquier otra cosa (o precisamente por ello), yo no voy a ser jamás escritora o una excelente crítica teórica, sino una buena lectora-espectadora-receptora. Aclarado este punto, que espero tengan presente en lo sucesivo, si les interesa, sigo con mi irregular interpretación de este cómic.

La historia de Minnie-Sally-Penny está estructurada en torno a tres etapas: infancia, adolescencia y edad adulta. Es decir, que no se ha respetado el orden cronológico en el que fueron dibujadas, sino un orden biográfico. Sin embargo, y a mí me resulta sorprendente, la cohesión entre las historias es perfecta: la mirada retrospectiva de El tercer amor de Minnie (o pesadilla en la calle Polk), del año 94, guarda total continuidad con la inmediatez de Ella es Mary la menor, dibujada en el año 76, cuando Gloeckner tenía tan sólo dieciséis años. Creo que ello se debe a la desconcertante sinceridad y a la capacidad de autoobservación que recorre todas ellas.

Así, de una infancia desestructurada y constantemente interrumpida por episodios de abusos sexuales y castigos arbitrarios —y dibujada, contribuyendo a que resulte todavía más chocante, con un estilo que por momentos recuerda a las ilustraciones de los cuentos infantiles y, en otros, al de Julie Doucet— pasamos a una adolescencia en la que toda esa destrucción ha sido introyectada. Minnie no busca en el exterior una salida a ese entorno abyecto en el que ha crecido, sino una forma de continuar y de construir su propio infierno. El San Francisco de finales de los años 70, con el movimiento hippie convertido en escombros y mostrando su cara más perversa y descarnada —esa que también (y tan bien) mostró Crumb en sus cómics— constituía el medio ideal para hacerlo. Todos cargamos con las culpas de nuestros mayores, y la adolescencia de Minnie, dispuesta a ceder todo rastro de dignidad por sentirse amada (utilizada) al menos durante unos minutos, es una especie de purgatorio autodestructivo.

Pero, sin embargo, como explica Crumb, Gloeckner sobrevivió. “Algo ha cambiado dentro de mí. Ya no siento la necesidad de esconderme. (...) Supongo que ese cambio se debe a que me he demostrado a mí misma que, de algún modo, soy capaz de funcionar normalmente en sociedad”.

Aunque la duda, el veneno, sigan ahí.



[Últimas páginas]

Esta pared de hielo, de José María Guelbenzu

Esta pared de hielo
José María Guelbenzu
Alfaguara, 2005

Julián Bo ha muerto. Con discreción y sin demasiados aspavientos, como corresponde a un “proyecto perfecto de ciudadano anónimo”. Su propia desidia y la inercia de una país castrado intelectualmente convirtieron su vida en una mera antesala. Ahora, en la orilla, sentado junto a Caronte, espera que lo lleven —que lo lleven, una vez más— al otro lado, el último lado. “Alguien tenía que haber venido a rescatarme, a darme aviso, una oportunidad...”. Lo hicieron, Julián, lo hicieron. Aquel maletín lleno de billetes que te envió el mismísimo diablo (Leonardo, un demonio elegante, seductor, a la manera del Voland de El Maestro y Margarita) era la sacudida que estabas esperando. Hiciste lo que debías con él, pero no lo llevaste hasta sus últimas consecuencias. Te quedaste ahí encogido, confiando en que aún te quedaba tiempo para despertar. Y pasaron veinte años. Y pasó la infancia de un hijo con el que nunca supiste hablar, y pasaron también una amante, y la cima del Mont Blanc, y tus poemas sin publicar. ¿Por qué no le explicaste a tu viuda los motivos que te llevaron a deshacerte de esos millones? Tal vez te hubiera perdonado. Pero tenías alma de mártir. Y aunque los demás, en mitad del camino, queramos ver en ti lo que podrías haber sido, no dejaste tras de ti más que un recuerdo anodino. Qué típico de nosotros, los católicos, buscar a alguien a quien culpar. Tú te quejas por haber muerto antes de empezar a vivir... Y Guelbenzu se queja de los críticos de este país. Me pregunto si realmente tiene motivos. En primer lugar porque no he leído más que críticas elogiosas y en segundo, porque este libro me ha parecido lleno de falsas promesas. No he encontrado en Julián la grandeza que se anunciaba, ni esas críticas despiadadas a la intelectualidad española, ni ese humor corrosivo lleno de verdades. Nunca abandona la obviedad: los buenos son los de siempre, y los malos, también. El humor no es tal, sino más bien una especie de ironía lastimera y autoindulgente; el lenguaje me ha parecido impostado cuando no debía serlo; Caronte recuerda a todas las almas que ha cruzado en su barca o las olvida según la página, y a partir de la mitad del libro, la trama se deshincha irremediablemente. Y no lo entiendo, porque llevo unos meses leyendo las reseñas de Guelbenzu con especial atención, y aunque sus continuas evasivas a asumir su responsabilidad como crítico deberían haberme hecho sospechar, nada me hizo temer esta decepción. De hecho, las primeras páginas del libro me llenaron de expectativas. No sé si será ese el motivo de mi desencanto, pero no se puede confiar todo un libro a la trascendencia de su tema. Al fin y al cabo, a las puertas de la muerte, todos somos sabios. O eso dicen. Me quedo sin embargo con este fragmento. Porque fue uno de los pocos que me sorprendió y porque, no tiene sentido negarlo, yo también odio a los que dan de comer a las palomas:

“Los veía viejos aunque no lo fueran, veía sus almas y sus conciencias como veía a las viejas y a los viejos de las palomas en el parque público de mi barrio. ¿Los ha visto usted alguna vez, a esos viejos? Han tenido que pasar por aquí, sin duda. Esas viejas y esos viejos que guardan el pan de la noche, lo trituran al levantarse por la mañana, lo meten en una bolsa de plástico arrugada y sucia que tienen guardada para el caso, porque son tacaños, se echan a la calle poco después de que la gente haya salido para el trabajo y se acercan al parque más próximo a diseminarlo en migajas. Yo los he visto caminar esparciendo las migas de pan duro como los sembradores, metiendo la mano en la bolsa y moviendo el brazo de atrás adelante, satisfechos de sí mismos, de la exhibición de su bondad y del reconocimiento inmediato de las palomas que acuden en bandada tras su rastro, alimentando esas ratas del aire cada mañana de su mezquina existencia porque necesitan ocultar a la vez su miseria moral y el daño inflingido a los seres humanos que han tenido la desgracia de convivir con ellos, de cruzar sus vidas por azar o por obligación. ¿Cuántos amores, infancias o deseos de otros no habrán contrariado o truncado? ¿A cuántos desgraciados no habrán perseguido y difamado con sus lenguas de víbora? ¿Cuánto tendrán que hacerse perdonar para verse empujados a exhibir cada mañana su bondad hacia las palomas? ¿Qué pecados no ocultará un alma que alimenta a una plaga?

[Últimas páginas]

viernes, febrero 17, 2006

Nodos

Un nodo es cualquier punto de conexión de dos o más componentes de un circuito.

Un universo (y cada una de sus partes) es una red, esto es, una trama de nodos autopoiéticos. La malla está dada por las relaciones entre los nodos; inversamente, los nodos están dados por el entrecruzarse de las relaciones de la malla; los nodos, al ser personas, poseen una actividad autopoiética: lo que hacen se ordena a su propia ontogenia. La energía de la red es igual a la suma de la energía cinética de los nodos más la energía potencial de las interrelaciones entre ellos.

Espacio real o subabstracto en el que confluyen parte de las conexiones de otros espacios reales o abstractos que comparten sus mismas características y que a su vez también son nodos. Todos estos nodos interrelacionan entre sí de una manera no jerárquica y conforman lo que en términos sociológicos o matemáticos llamamos red.

La red se define como un conjunto de nodos (también llamados puntos o vértices) que en análisis social representan a los actores de la red, unidos por líneas que representan la relación o relaciones que les unen.

Éstos, conectados asimétricamente, en virtud de una distribución desigual del poder, forman parte de un entramado de complejas relaciones retroalimentadoras en las que la acción ejercida desde uno de ellos afecta a la recomposición permanente de todo el sistema.

El nodo hace la red y es hecho por ella. Los nodos se hacen a sí mismos y a la vez son hechos por los demás nodos. El universo mismo que es la red es hecho por los nodos que lo componen, y a la vez hace a estos nodos.

Todo ello acaba reduciéndose a un complejo juego multiforme de respuestas a los intereses esenciales, desde los que se activa todo el dispositivo en una constante reconfiguración global. Por ello su rasgo más definitorio es su predisposición a una nunca interrumpida expansión y reorganización, en tanto la integración de nuevos nodos es posible siempre que compartan un mismo código comunicativo.


(1) In networks, a processing location.

Función de Activación: es la función mediante la cual cada nodo combina las influencias separadas que recibe en sus enlaces de entrada en una influencia global.

Nodo es aquel lugar por el que pasa la información para ser distribuida.

Topología de redes. (1) Topología en Estrella: todos los elementos de la red se encuentran conectados directamente mediante un enlace punto a punto al nodo central de la red, quien se encarga de gestionar las transmisiones de información por toda la estrella.

Se asumiría que una red era poco fiable en cualquier momento. Se diseñaría para trascender su propia falta de eficacia. Si grandes porciones de la red fueran destruidas eso simplemente no importaría; los paquetes permanecerían en la red en los nodos que hubieran sobrevivido.

Los nodos son núcleos de fijación parcial y provisional de identidades continuamente reconstruidas con respecto al todo.

Redes descentralizadas: unos cuantos nodos más o menos conectados entre sí emiten para una masa de receptores pasivos.

Los territorios que rodean estos nodos desempeñan una función cada vez más subordinada: a veces llegan a perder toda su importancia o incluso se vuelven disfuncionales.

Un nodo es el punto de unión entre varias redes.

Los nodos no se conectan entre sí al azar y, en un ambiente de constante competencia, buscan los nodos más atractivos.

Decimos que dos nodos son adyacentes si existe una línea que les conecte. El grado de un nodo es el número de nodos con el que se relaciona.

(2) In tree structures, a point where two or more lines meet.

Una sucesión de nodos del árbol, de forma que entre cada dos nodos consecutivos de la sucesión haya una relación de parentesco, decimos que es un recorrido árbol.

En ciencias de la computación, un árbol es una estructura de datos ampliamente usada que emula la forma de un árbol (un conjunto de nodos conectados). Un nodo es la unidad sobre la que se construye el árbol y puede tener cero o más nodos hijos conectados a él. Se dice que un nodo a es padre de un nodo b, si existe un enlace desde a hasta b (en ese caso, también decimos que b es hijo de a). Sólo puede haber un único nodo sin padres, que llamaremos raíz. Un nodo que no tiene hijos se conoce como hoja.

En la secuencia de bucles recursivos que se dan en las descripciones de un universo, unos elementos afirman y niegan otros elementos, unos nodos afirman y niegan otros nodos de esa red, y esa concurrencia de afirmación y negación genera el movimiento en que consiste básicamente todo universo, que por esencia mezcla estabilidad y cambio, orden y caos, certeza e incertidumbre.

Además de los nodos y enlaces, Barabási constató y explicó la presencia de agrupamientos de nodos (clusters, racimos) y la existencia de un pequeño número de nodos con un enorme número de enlaces a otros nodos (los hubs, cubos).

La tendencia humana al agrupamiento parece corresponder a la búsqueda de seguridad. El descubrimiento de que el clustering es ubicuo lo ha transformado rápidamente de una propiedad única de la sociedad a una propiedad genérica de las redes complejas.

Los hubs mantienen la cohesión de la mayoría de las redes. Todo sistema complejo tiene una estructura subyacente en red.

Un nodo es un punto que no se mueve.

2. m. Fís. Cada uno de los puntos que permanecen fijos en un cuerpo vibrante. En una cuerda vibrante son siempre nodos los extremos, y puede haber varios nodos intermedios.

Se puede observar que en los estados excitados hay puntos de la caja en que la función de onda se anula. Estos puntos se denominan nodos y en ellos la probabilidad de presencia de la partícula es cero.

En los estados excitados aparecen n nodos. A medida que aumenta el número de nodos de la función de onda, la energía de la partícula es mayor: E(n)=n2h2/8mL2.

lunes, febrero 13, 2006

Se acabó

Espero que lo hayan disfrutado.

Estaba pensando que me encantaría saber cuál de todas imágenes ha sido la que más les ha gustado. ¿Me lo dirán?

0. Muhammad Ali vs. Sonny Liston (25 de mayo de 1965)

domingo, febrero 12, 2006

1. Marvin Gaye. Got to give it up (1980)

sábado, febrero 11, 2006

I want the Green Card

De entre todas la filias y fobias sin fundamento que me rodean, hay una que me parece particularmente estúpida: el odio a los estadounidenses. Al parecer, para estos señores, los norteamericanos son unos seres gordos, infantiloides, necios y gregarios, que nos invaden con películas abominables y que muestran un desprecio inconcebible por la cultura. Viven en una especie de dimensión paralela, sumidos en la más absoluta desinformación, son fanáticos y, atención, todos y cada uno de ellos duerme con un arma bajo la almohada.

En cambio, aquí en España, sin ir más lejos, sí que sabemos valorar la cultura. Sólo es necesario echar un vistazo al nivel de nuestras universidades, a la producción de películas españolas o a los libros que se publican, para quedar totalmente convencidos. Y si esto no fuera suficiente, siempre podemos recurrir a uno de los documentales del ultrademágogo Michel Moore para acabar de persuadirnos.

Aquí, a cada paso, en cada uno de nuestros actos, queda patente que nos respaldan miles de años de civilización. En cambio, la norteamericana es una ciudadanía adolescente, incapaz de apreciar una película tan sumamente adulta como, por ejemplo, Amélie; o de valorar la dimensión de nuestro Quijote (aunque algunos de los cervantistas más reconocidos sean estadounidenses).

Yo, sin embargo, empeñada en llevar la contraria, estoy dispuesta a renunciar de por vida al mejor aceite de oliva del mundo, al sol mediterráneo, y a la sabiduría popular que tanto nos caracteriza, si a cambio me permiten vivir en un país en el que cada noche, al encender el televisor me encuentre una serie como Six feet under, o Curb your enthusiasm (de la que estoy deseando hablarles) o una joya como esta en el show de Conan O'Brien. Con la mandíbula aún desencajada, les invito a disfrutar de estos diez minutos de estupidez americana subtitulada que encontró ayer el señor C. rastreando en YouTube. Y yo, mientras, voy haciendo las maletas.

2. The Twilight Zone. Nightmare at 20.000 feet (1963)



You unlock this door with the key of imagination. Beyond it is another dimension. A dimension of sound, a dimension of sight, a dimension of mind. You're moving into a land of both shadow and substance, of things and ideas.

You've just crossed over into the Twilight Zone.

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Mi intención para este post era traer a este rincón los créditos de inicio de la serie. Estos en concreto, que aparecieron, si no me equivoco, a partir de la cuarta temporada, son los que recuerdo con más cariño. Sin embargo, después de pelearme durante días con varios programas para conseguir el clip, no he sido capaz de derrotar a un maldito skew... Así que les traigo un capítulo completo. Compartan conmigo los primeros 31 segundos, y el resto agradézcanselo de por vida a un tal Gregoire, que, por lo que a mí respecta, se ha ganado el cielo colgando este episodio, uno de los mejores de todos los tiempos.

viernes, febrero 10, 2006

Vivir

Ayer, en el blog de Innes, encontré este fragmento de Ribeyro. Desde entonces, aproximadamente cada hora, entro de nuevo y lo leo como si fuera la primera vez. Háganlo ustedes también, inocúlense una dosis de sabiduría.

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JUAN CRUZ
EL PAÍS. 03/12/2005

Julio Ramón Ribeyro (Lima, 1929-1994), acaso el mejor cuentista peruano del siglo XX, tuvo siempre a la suerte esquivándole. Era enjuto, silencioso; 30 años antes del que sería su final definitivo estuvo a punto de morir de cáncer en un hospital de París. Advirtió que a aquellos enfermos que ganaban peso los pasaban a una sala donde les procuraban mejor tratamiento y entonces acopió cucharillas, tenedores, cuchillos, y se los ponía en el bolsillo del pijama para aparentar mayor envergadura en el pesaje.

A veces le pedía a su gran amigo Alfredo Bryce Echenique -que contó esta y otras cosas en el homenaje que Ribeyro ha recibido en Guadalajara- que le llevara su propia vajilla de plata; y así consiguió que le trasladaran de ala en el hospital y siguió viviendo. Bryce Echenique dijo que a Ribeyro le dejaron "fuera del festín" de la literatura iberoamericana; una injusticia del boom. Cuando Vargas Llosa y el propio Bryce intentaron que Carlos Barral le incorporara a aquella pléyade de escritores que constituyeron ese movimiento literario, el editor catalán alegó que sólo publicaría novelistas.

Bryce lo conoció cuando fue a pedirle una máquina de fotos, con la que quería fotografiar a su hijo, que iba a nacer. Como Bryce tenía una botella de pisco, brindaron y siguieron brindando durante días; "cuando reaparecimos, al niño ya lo habían bautizado". El autor de La juventud en la otra orilla y Sólo para fumadores, dos joyas del cuento, tuvo una vida editorial nefasta: el primer libro que apareció en francés tenía en la contraportada la foto de un brasileño que también se llama Ribeyro. Escribía con un dedo y con la otra mano atendía a su hijo, y a veces iba a la panadería con él, traía el pan y se olvidaba del niño. Un dato más: le dieron el Premio Juan Rulfo, el más grande de su vida, y murió 12 días antes de la entrega.

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"Sólo publicaría novelistas"

Y la ceguera sigue entre nosotros. Hace un par de días leí esto en el blog de Lector Ileso:

"Recuerdo que él me dijo que no había nada más fácil de escribir que un poema. Y que todos los escritores de cuentos sabían, en el fondo, que lo que de verdad molaban eran las novelas. Pero escribirlas costaba demasiado."

Como el único comentario del autor del blog respecto a esta sentencia está encerrado en una frase absolutamente críptica que no he logrado descifrar, me quedo con la duda de saber si la comparte o no, pero, en cualquier caso, me parece una afirmación desafortunada (por no usar otro adjetivo) y que no se sostiene por ningún lado.

Lo realmente complicado es escribir algo que valga la pena, y la forma en la que ese talento se concrete, a mí me parece lo de menos. A no ser, claro, que estemos hablando de los malos escritores, que, evidentemente, son capaces de escribir bazofia en cualquier formato (la necedad no tiene límites) y que siempre tendrán más posibilidades de maquillar sus limitaciones cuanto más corto sea el texto. Pero esa no es una consideración artística, sino la simple consecuencia de un mayor tiempo de exposición.

Aunque también podría ser que no estemos hablando de la validez de los géneros ni del talento de los escritores, sino de nuestra propia competencia lectora. Pero ese también es otro tema, que tiene poco que ver con la medida del texto y más con la de nuestra propia mediocridad.

3. Fritz Lang. Perversidad (1945). Kitty



jueves, febrero 09, 2006

4. Josef von Sternberg. El Ángel Azul (1930). Lola Lola



miércoles, febrero 08, 2006

5. G. W. Pabst. La caja de Pandora (1929). Lulu



martes, febrero 07, 2006

6. Jean-François Millet. El Angelus (1859)



lunes, febrero 06, 2006

7. Man Ray. Luis Buñuel (París, 1929)



domingo, febrero 05, 2006

8. Luis Buñuel. El discreto encanto de la burguesia




"Al que camine más rápido, se le hará un primer plano. Porque llegará antes junto a la cámara". Y todo el mundo se puso a caminar muy rápido, porque a todos los actores les gustan los primeros planos.


sábado, febrero 04, 2006

9. John Maybury. The Jacket (2005)



Pausa publicitaria

No me importa que me estropeen el final. Necesito saberlo.

Díganme, por favor: al final, ¿los buenos ganan?

viernes, febrero 03, 2006

10. Friedman Bros.' Nightmare Gallery of Mentally Disturbed Teachers (3/3)



jueves, febrero 02, 2006

11. Friedman Bros.' Nightmare Gallery of Mentally Disturbed Teachers (2/3)



miércoles, febrero 01, 2006

12. Friedman Bros.' Nightmare Gallery of Mentally Disturbed Teachers (1/3)