domingo, febrero 19, 2006

Vida de una niña, de Phoebe Gloeckner

Vida de una niña
Phoebe Gloeckner
La Cúpula, 2005

Tal vez esta sea una afirmación poco meditada, pero hoy me he despertado pensando que toda obra puede explicarse a través de la crítica biográfica. El problema es, creo, que este tipo de interpretaciones se basa a menudo en aspectos muy superficiales, demasiado ligados a la vida visible del autor. Y como ya sabemos, esa vida visible es sólo la punta del iceberg: contiene únicamente aquellos elementos que deseamos mostrar o que no somos capaces de ocultar. La reflexión por tanto se anula a sí misma: la clave se encuentra en el interior de una gruta a la que nos es imposible acceder, en primer lugar por su hermetismo, y en segundo, porque cualquier descubrimiento será automáticamente deformado por nuestra propia mirada. Tal vez por eso sea mucho más acertado, o al menos, más efectivo, acercarnos a una obra despojados de toda subjetividad y analizarla como un artefacto absolutamente autónomo, asumiendo que fue escrita por alguien a quien jamás lograremos conocer.

Sin embargo, yo soy incapaz de ese tipo de aproximaciones. Sobre todo cuando ese ‘artefacto’ es obra de una mujer. La lectura se convierte entonces en una búsqueda incesante de lo que hay detrás, reforzada a menudo por la sospecha de que eso era exactamente lo que ellas querían, que alguien las encontrara. Aunque sé que es posible que este deseo sólo sirva para delatar mi propio narcisismo, no puedo evitar que pasar cada página sea para mí como descorrer una cortina.

Díganme: si ustedes hicieran como yo, y empezaran a leer este cómic por el final, ¿podrían desligar la lectura de ese aire psicótico que hay en la mirada de la Phoebe Gloeckner adulta? ¿Podrían desligarla de lo que explica Robert Crumb de ella en su introducción? ¿Podrían olvidar por un momento que Minnie, Sally y Penny son en realidad la propia autora, y que esa vida horrible que relata es la suya? Yo no, y quizás eso me impida valorar correctamente otros aspectos, narrativos o gráficos, de su obra. Y quizás explique también, junto a otros motivos, porque, pese a valorar el arte por encima de cualquier otra cosa (o precisamente por ello), yo no voy a ser jamás escritora o una excelente crítica teórica, sino una buena lectora-espectadora-receptora. Aclarado este punto, que espero tengan presente en lo sucesivo, si les interesa, sigo con mi irregular interpretación de este cómic.

La historia de Minnie-Sally-Penny está estructurada en torno a tres etapas: infancia, adolescencia y edad adulta. Es decir, que no se ha respetado el orden cronológico en el que fueron dibujadas, sino un orden biográfico. Sin embargo, y a mí me resulta sorprendente, la cohesión entre las historias es perfecta: la mirada retrospectiva de El tercer amor de Minnie (o pesadilla en la calle Polk), del año 94, guarda total continuidad con la inmediatez de Ella es Mary la menor, dibujada en el año 76, cuando Gloeckner tenía tan sólo dieciséis años. Creo que ello se debe a la desconcertante sinceridad y a la capacidad de autoobservación que recorre todas ellas.

Así, de una infancia desestructurada y constantemente interrumpida por episodios de abusos sexuales y castigos arbitrarios —y dibujada, contribuyendo a que resulte todavía más chocante, con un estilo que por momentos recuerda a las ilustraciones de los cuentos infantiles y, en otros, al de Julie Doucet— pasamos a una adolescencia en la que toda esa destrucción ha sido introyectada. Minnie no busca en el exterior una salida a ese entorno abyecto en el que ha crecido, sino una forma de continuar y de construir su propio infierno. El San Francisco de finales de los años 70, con el movimiento hippie convertido en escombros y mostrando su cara más perversa y descarnada —esa que también (y tan bien) mostró Crumb en sus cómics— constituía el medio ideal para hacerlo. Todos cargamos con las culpas de nuestros mayores, y la adolescencia de Minnie, dispuesta a ceder todo rastro de dignidad por sentirse amada (utilizada) al menos durante unos minutos, es una especie de purgatorio autodestructivo.

Pero, sin embargo, como explica Crumb, Gloeckner sobrevivió. “Algo ha cambiado dentro de mí. Ya no siento la necesidad de esconderme. (...) Supongo que ese cambio se debe a que me he demostrado a mí misma que, de algún modo, soy capaz de funcionar normalmente en sociedad”.

Aunque la duda, el veneno, sigan ahí.



[Últimas páginas]

4 Comments:

  • Pero danae, ¿de verdad son de este tipo los primeros pensamientos que tienes al despertarte? Me sumo en mi mediocridad... jejeje...
    Totalmente de acuerdo contigo, yo también estoy buscando siempre conexiones entre lo que leo y el que escribe, siempre buscándole explicaciones a las cosas. Bueno, siempre no. Si lees a dan brown, mejor no busques...

    By Blogger vilipendia, at 20/2/06 11:43  

  • Sabía que iba a gustarte!!

    "...soy capaz de funcionar normalmente en sociedad"

    Esto es realmente conmovedor. La idea de que uno no es, o se considera, nada útil para la sociedad pero al mismo tiempo uno no es capaz de vivir sin ella, depende de ella para todo lo que hace, es un síntoma muy duro, no ya sólo de estos tiempos, sino me parece a mí que de cualquier período histórico.

    By Blogger GDO, at 24/2/06 11:19  

  • Sí, GDO, esa frase es absolutamente penetrante. Es la dictadura de adaptarse a la normalidad, una normalidad impuesta desde el exterior. Sin embargo, creo que hay tras ella otra idea. Creo que hay en ella el miedo, no sólo a no ser útil, sino a ser un elemento contaminante (el veneno al que me refería). Creo que no es casual que diga esa frase en una viñeta como esta, con su hija, una vida en sus manos, durmiendo junto a ella.

    Un saludo

    By Blogger Danae, at 24/2/06 11:37  

  • Veo que el hecho de que la autora del cómic sea una mujer, hace que despierte en nosotras alguna clase de sentimiento de empatía extra. Desde luego, en mí lo ha conseguido.

    He quedado maravillada también del ritmo de la narración. Son pequeños episodios, como pequeñas entradas de blogs, que explican partes de una vida que, vista con perspectiva y de forma general, mantiene en la infancia, la adolescencia y la madurez una misma línea. Tristemente retratada.

    Además, así da también la oportunidad de apreciar los cambios en el dibujo y la perfección de los detalles.


    En fin ,que acabo de leer el cómic y estaba deseando leer más opiniones. Me gustó tu reseña!
    Saludos!

    By Anonymous Colibrí Lillith, at 26/6/08 15:29  

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