viernes, abril 28, 2006

Las setas alucinógenas

Las setas alucinógenas son la única droga que tomo con cierta regularidad (supongo que ahora que lo saben, comprenderán muchas cosas). Es decir, que fumo y bebo, como todo el mundo, pero nada más, ni siquiera tomo coca-cola. No me interesan las drogas que no tienen un efecto lo suficientemente potente como para vencer mis resistencias, ni tampoco las de efectos devastadores, por lo que mi abanico de posibilidades queda bastante reducido.

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Modo de preparación

Las setas alucinógenas se consiguen llamando a un amigo que llama a un amigo que llama a un amigo que acaba de regresar de a) México o b) Ámsterdam. Acto seguido, calendario en mano, se escoge un día o, preferiblemente, una noche. Lo ideal es que no tengamos ningún compromiso ineludible en el mundo real en un plazo total de 48 horas.

Las horas previas a la noche seleccionada las dedicaremos a relajarnos y a alejar de nuestra mente cualquier temor del tipo: “no me van a hacer efecto”, “me van a hacer demasiado efecto”, “voy a morir de un shock tóxico” o “¿y si me tiro por la ventana creyendo que puedo volar?”. Créanme, nada de esto ocurrirá a no ser que lo deseen, y en ese caso, poco importa que se tomen las setas o no. Ahora bien, si sospechan que ese deseo pueda estar oculto en una recámara de su enfermo cerebro, quizás es más recomendable que lo dejen para otro día.

Seguimos. Cinco horas antes de la happy hour, deben cortar el suministro de alimentos. Su estómago debe estar vacío para que las setas puedan hacer su trabajo. Les recomendaría que tuvieran la previsión de contar en su despensa con alimentos fáciles de preparar. Cuando pase el efecto tendrán hambre y tal vez no estén capacitados para maniobrar con cuchillos, fogones y demás cosas que deban dejarse fuera del alcance de los niños.

Bien. Es la hora. Pongan agua a hervir: aproximadamente un vaso y cuarto de agua por persona (cuantas menos, mejor, pero ese es otro consejo que sirve para cualquier otra ocasión). En cuanto al proceso de ebullición, siempre tengo dudas: no sé si debo echar las setas en la cacerola antes de que el agua hierva, o después. Normalmente, las pongo antes y tapadas.

Repartimos la infusión y las setas entre los comensales y nos lo tomamos todo con la nariz tapada y sin rechistar, como niños grandes. Nos sentamos tranquilamente, con la espalda recostada, y ensayamos una conversación cordial y distendida, como si no estuviéramos esperando nada, como si no estuviéramos alerta, analizando todas y cada una de nuestras sensaciones, tratando de detectar algo extraño y prometedor.

En un momento dado, que llega normalmente al cabo de unos 15-30 minutos, empezarán a notar que todo les provoca una risa que tiene algo de anormal, una risa floja y tontaina, impropia de personas tan sumamente correctas como ustedes. Si la persona que tienen enfrente experimenta estos extraños síntomas antes que usted, sea considerado, de otro modo, al burlarse de él, comprobará que su propia risa suena tan estúpida como la de su compañero, y a nadie le gusta ver que eso que le parece grotesco es su propio reflejo, ¿me equivoco?

Tras este primer aviso, deberían empezar a sentir algo que les cortara la carcajada de cuajo, algo, más concretamente, en su columna vertebral, una especie de pulso recorriéndola en toda su longitud, hasta llegar a sus cervicales, y cada vez más arriba, más arriba... Y cada vez debería haber menos espacio entre los pulsos, hasta que se acabaran convirtiendo en una corriente ininterrumpida...

(...)

Perdonen la pausa, tengo un gran poder de autosugestión.

Llegados a este punto, recordarán que pueden moverse y que sus globos oculares tienen la facultad de girar. Entonces, en ese preciso instante, se darán cuenta de que van colocados.

Bon appétit!

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Chronicles from Beyond


PRIMER VIAJE

Tengo una habilidad tremenda para resistirme al poder de cualquier sustancia que altere mi estado de conciencia. Cuando tenía quince años, sin importar lo que hubiera hecho —y creo que lo hice todo entonces— yo llegaba a casa como una santa, erguida y con paso firme. Por eso quedé un tanto decepcionada con aquel Primer Viaje, quería más y no supe apreciar lo que me fue dado. Con todo, no debía estar tan mal, ya que bien entrada la mañana, sin haber dormido, me encontraba conduciendo mi Renault 21 camino de Sant Cugat (no me pregunten por qué), cantando Let’s get it on con toda la fuerza de mis pulmones y con un cartoon dibujado en mi pecho izquierdo. Caí derrotada una horas después en una sala de los Mélies en la que proyectaban Té y simpatía. Es la única vez en mi vida que me he dormido en el cine. Discúlpenme, era joven, tenía veinte años.


SEGUNDO VIAJE

El Mal Viaje. Al parecer, todos los iniciados pasan por uno en algún momento. Me contaron que un señor se volvió medio loco porque veía cómo el suelo se abría bajo sus pies y de la grieta salían árboles inmensos en cuestión de segundos. En el mío, una extraña silueta, vestida con gabardina y sombrero, me obligó a permanecer parapetada tras un revoltijo de sábanas y almohadas, presa de un pseudoataque de pánico histérico (esto es, mucho aspaviento y poca sustancia). Solución: comer. Un tentempié es el antídoto más eficaz.


TERCER VIAJE

No recuerdo demasiado de este. Tan sólo algo del antes (Nuria Feliu cantando en un programa televisivo de Nochevieja: estremecedor), algo del mientras (escuchando una y otra vez Stolen Moments mientras jugaba a dibujar estelas en el aire con un cigarrillo) y algo del después... que ahora mismo no recuerdo. Fue puramente sensorial.


CUARTO VIAJE

El Viaje. Las setas en aquella ocasión llegaron de Holanda y las llamaban The Philosopher’s Stone. Quien escogió para ellas tal nombre era, sin duda, un sabio.

Imaginen por un momento que disponen de una horas en las que no hay en ustedes ni rastro de ansiedad.

Si creen que ya lo están haciendo, es que no han comprendido el alcance de mis palabras.

No hay ansiedad.

Ningún malestar.

Ninguna insatisfacción, por insignificante que sea.

Ningún deseo acuciante.

Nada.

Es increíble la libertad con la que se mueven nuestros pensamientos una vez liberados de esa carga. Era tan sencillo verme desde fuera, ver mi vida detenida, como una fotografía inquietantemente nítida. Era tan sencillo comprenderlo todo —¡todo! ¿se lo imaginan?— allí tumbada en el suelo de mi cuarto, mientras el ventilador me recorría de los pies a la cabeza, de la cabeza a los pies, deformando mi cuerpo a su paso, como si fuera de goma. El señor C. y yo éramos los seres más hermosos del mundo. Bueno, él, en realidad, lo es siempre. Las velas creaban ondas de luz que se reflejaban en las paredes, creando unas formas con un poder hipnótico insospechado. Las miré tanto tiempo sin pestañear que se me escapó una lágrima. La sentí, fría y suave, resbalando por mi mejilla. Acerqué los dedos para recogerla y se quedaron adheridos a mi cara. No recuerdo cómo los recuperé.

Y pensaba. Pensaba en todo a una velocidad que me pareció inhumana, interrumpida tan sólo por unos temblores que se repetían de forma periódica y que me llevaban hasta los últimos confines de la inconsciencia. Y cuando volvía, seguía entendiéndolo todo. A mí, al señor C., a todos los demás. Todo. Y el Todo era Nada: un vació infinito, liso y perfecto.

No recuerdo qué sonaba, pero cuando apagué la música, me senté frente al televisor. Había unos señores romanos, un banquete dionisíaco, me pareció que alguien me observaba desde la pantalla, me asusté. Luego apareció un ser extrañísimo, una especie de dios albino terriblemente frágil...

Era el Satiricon.


QUINTO VIAJE

En mi último viaje hasta la fecha, me decidí a escribir todo lo que ocurriera, como una corresponsal de mi propio viaje, como una médium de mí misma. En el encabezado de cada hoja, anotaba la hora. La llenaba de letras y, cuando empezaba otra, nunca habían pasado más de dos minutos. Sentada en el suelo del baño, recuperándome de la impresión que me provocó ver mis pupilas en el espejo, me pareció que las juntas de las baldosas eran caminitos por los que se movían pequeños puntos luminosos. Luego, esos puntos, moviéndose siempre siguiendo un orden riguroso, se esparcieron por las paredes, por el aire, absorbiéndome. Pensé en Reich, en el orgón. Sonreí.

Hice lo que pude por mantener el pulso y seguir escribiendo, pero al final sucumbí. Lo último que recuerdo es al señor C. enseñándome cuatro dedos y diciéndome: “Creo que nos hemos tomado dos dosis cada uno... se me olvidó”.

Al día siguiente, volví a las páginas que había escrito. Al parecer, mi Yo de la noche anterior tenía especial interés en trasmitirme esta idea: “Siempre te estás perdiendo algo”. Es un poco rudimentaria, pero con el tiempo le he cogido cariño.

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Nota al pie


En el punto culminante de estos viajes, en ese momento en el que siento que lo entiendo todo, siempre me asalta el mismo pensamiento: “Quiero compartir esto con toooooooodo el mundo”. (Así, con todas esas oes y con los brazos amorosamente abiertos). Me imagino un mundo lleno de amor y de paz. Lleno de seres generosos, entregados a una vida llena de creatividad. Seres que reproducirían por todas partes esas visiones, esas extrañas formas geométricas reflejadas en la pared. Seres que cantarían canciones llenas de buena voluntad, y bailarían desnudos alrededor de una hoguera. Seres que vivirían en comunión con la Naturaleza. Qué digo la Naturaleza, ¡el Universo!. Seres que caerían dormidos entre risas y caricias, y que despertarían con los rayos de sol en su rostro, entre la calidez de otros cuerpos tan perfectos como el suyo. Seres que tratarían de convencer a los que no hubieran sido todavía iluminados con la Verdad, haciéndoles ver que la Vida es otra cosa...

Luego me doy cuenta de que todo eso me suena. De alguna historieta de Crumb, creo.

Y lo olvido.

Odio descubrir que mis pensamientos no son originales.




Robert Crumb
Recordando los 60

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22 Comments:

  • Me encantan los libros de viajes. Huxley me gustó más que Marco Polo, creo.

    Escrito con profusión de detalles, me ha encantado. Pero todos los viajes son personales, y no se pueden compartir. Sólo se comparte el camino.

    Un beso.

    By Blogger Balcius, at 29/4/06 00:13  

  • El conocimiento, aunque sea fugaz, no se puede explicar.

    Lástima.

    Xavie

    By Blogger Xavie, at 30/4/06 14:47  

  • El conocimiento sí se puede explicar, claro que se puede. Lo que no se puede explicar a veces (se intenta, pero nos quedamos en aproximaciones) son las emociones, los sentidos.

    By Blogger innes, at 30/4/06 16:08  

  • No he tomado setas pero si algun Lsd, y no creo que sea en absoluto una droga festiva como proclamaron los hippies. Las veces que la he tomado la percepcion mas notable ha sido una ralentizacion del tiempo, y nunca he visto luces ni seres mitologicos. Tampoco senti la necesidad de compartir nada con nadie, la sensacion era mas bien de estar solo, pese a que siempre que he tomado estas drogas he salido a dar paseos y estar rodeado de gente. Por suerte nunca he tenido un mal viaje, al menos con estas drogas, pero si que lo he tenido con una sobredosis de hachis hace ya años, en los que confundi la ropa que habia en una silla con alguien que me observaba. Tricks of the light.

    By Anonymous Amplifier, at 30/4/06 18:24  

  • Bueno, compartir... Pero cada uno desde su casa.

    Un beso, Amplifier.

    P.S. ¿Nada de seres mitológicos? ¿Seguro? Hmmm.

    By Blogger Danae, at 30/4/06 18:49  

  • Ey, yo confundo desde niña la ropa de la silla con alguien que me observa. Y sin hachís.
    (¡Ahora lo entiendo todo!)
    (Risas)

    By Blogger innes, at 30/4/06 19:14  

  • La próxima vez que nos veamos voy a tomarte unas muestras.

    By Blogger Danae, at 30/4/06 19:18  

  • Por cierto nadie dice nada de Crumb.

    ¡Plebeyos!

    By Blogger Danae, at 30/4/06 19:19  

  • ¿¡Muestras de qué!? ¿De piel, de sangre, de saliva...? No me asustes.
    Crumb genial, como siempre. Muy bien traído.

    By Blogger innes, at 30/4/06 19:58  

  • Innes, esa no es una buena actitud. Tienes que colaborar, será mucho más fácil para todos.

    By Blogger Danae, at 30/4/06 20:11  

  • Con lo miedosa que soy yo. Tener que aguantar esto...

    By Blogger innes, at 30/4/06 20:58  

  • Perdon Y quizas algun dragon, (pequeño eso si) no te digo que no pasara volando de fondo.

    By Anonymous Amplifier, at 1/5/06 16:05  

  • Muy buena la historieta de crumb, seguro que todo fue tan absurdo como el lo explica.

    By Anonymous Amplifier, at 1/5/06 16:07  

  • Impresionante. Para alguien virgen como yo, es todo muy llamativo.

    Besos.

    By Blogger Portorosa, at 2/5/06 12:28  

  • Excelente, grandes viajes y grandes letras mientras Huxley observa...

    By Blogger IHB, at 2/5/06 21:43  

  • Cuánto tiempo, Iván. Gracias.

    By Blogger Danae, at 2/5/06 23:39  

  • Pues me parece una auténtica pesadez. Con lo fácil que es follar.

    By Anonymous Anónimo, at 7/5/06 11:28  

  • Esa frase, calcada, es la misma que pienso yo frente a un fanático de los deportes de aventura o frente a los que se montan en el Dragon Khan.

    Respecto a las setas y el sexo, nadie ha dicho que sean experiencias excluyentes, además no creo que una frecuencia de cinco veces en seis años haya afectado demasiado a mi vida sexual.

    By Blogger Danae, at 7/5/06 12:18  

  • El sexo y las setas no son en absoluto incompatibles, sino más bien todo lo contrario. Eso sí, mejor dedicarse a Venus en la fase de bajada. Por cierto, me ha encantado el post.

    By Blogger Johnny Lingam, at 2/10/07 15:49  

  • Hola, me llamo Julio, por casualidades de la vida, me he encontrado con esta entrada de blog en internet. La leí. Una, dos, tres veces, y aun asi, no deja de sorprender. La forma de expresarse, cada palabra, cada sentimiento descrito en cada frase. Siempre me han interesado las experiencias que publica la gente en cuanto a experiencias alucinogenas, y esta, he de confesar, me encantó. Hace un par de semanas, me dieron, de regalo atrasado de cumpleaños, un par de raciones de setas. He estado esperando para tomarlas en una ocasion especial, y creo, que el dia de hoy, es especial. TODO lo señalaba. Minutos antes de la publicacion de mi comentario, leí este articulo que tanto me llamo la atención. Seguramente, al leer esto (quien quiera que lo haga) sabrá que tal dia como el 20 de diciembre, una persona paso el mejor momento de su vida hasta ahora (segun si me sentó mal o bien). Tengo 17 años, y es mi primera experiencia con alucinogenos. Siempre, fumando mariguana, me da por escribir mis experiencias, pero esto, debe de superarlo todo. Me alegra que haya gente que se dedique a escribir estas entradas. GRACIAS. Un saludo desde el sur.

    By Anonymous Anónimo, at 20/12/08 20:49  

  • jajajaja me siento super identificado con el segundo viaje, tuve uno muy parecido no hace ni un mes, bueno pero a mi me gusta tomarlas, y compro y cultivo mi propio pan de setas asi se que como,

    By Anonymous pan de setas, at 16/3/16 13:56  

  • yo me hago mi propiopan de setas y mejor así

    By Anonymous panes de setas, at 16/3/16 13:58  

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