domingo, octubre 21, 2007

Ssshhhh

He vivido toda mi vida como una infiltrada, incluso en mi propia familia. Mis mayores terrores cuando niña eran, sin lugar a dudas, el conde Drácula y los zombies. ¿Por qué? Pues al margen de otros aspectos inquietantes como que un señor con capa entrara volando por la ventana de mi habitación en torno a la medianoche, o que un no-muerto putrefacto se comiera mis sesos, lo que realmente aportó un giro narrativo a mis frecuentes pesadillas fue el factor contagioso: los buenos, cuando eran mordidos, también se convertían en vampiros o en zombies. Enseguida comprendí que frente a un peligro como ese nadie podría protegerme. En mis sueños, toda mi familia, mis vecinos, los niños del colegio..., TODO el mundo acababa convertido en muerto viviente y me perseguía para convertirme en una de ellos. Poco después, descubrí Posesión infernal o La invasión de los ultracuerpos y cada noche me pasaba horas en vela vigilando a mi madre, que dormía a mi lado, convencida de que si bajaba la guardia ella también se convertiría. Con los años, encontré nuevos artículos para mi colección: un episodio de Twilight Zone en el que todo el mundo pasaba por una especie de máquina estandarizadora al final de su adolescencia, Invaders from Mars... En fin, que lo que empezó siendo un terror infantil pasó a convertirse en una especie de rasgo egomaníaco que me ha acompañado siempre, y del que creo que ya nunca me podré desprender. Es además, si lo piensan, bastante pueril, porque yo, claro, siempre aparezco como una heroína, la última superviviente en un mundo conquistado por vampiros/zombies/extraterrestres/androides/etc.

Antes me parecía que tener esa visión del mundo era una señal, como esa de la que habla Leonard Cohen (sí, sí, están ustedes leyendo el blog de una persona seriamente desequilibrada). Hasta cierto punto, me parecía excitante vivir oculta, viendo el mundo a través de mis gafas de Rayos X y tocando el violín desde la escalera de incendios de mi Tower of Song... Pero últimamente, como tantas otras cosas, está dejando de hacerme gracia ver cómo todos esos delirios han tomado el control. Supongo que, como todo, es divertido mientras sepamos que podemos salir en cualquier momento.

Como esta canción.



Transmit the message, to the receiver
hope for an answer some day
I got three passports, couple of visas
don't even know my real name
High on a hillside, trucks are loading
everything's ready to roll
I sleep in the daytime, I work in the nightime
I might not ever get home

P.S. En cierto modo, antes creía que debía ocultarme para que no descubrieran que tenía una misión secreta... Ahora debo ocultarme para que no descubran que estoy tan transtornada como para creer que tengo una misión secreta. Conclusión (risas): debo ser más precavida que nunca.

martes, octubre 02, 2007

Señoras y señores

Tengo un nuevo trabajo. Y sí, tendré que madrugar un poco más, sudar un poco a fin de mes, hacer montones de fotocopias, etc etc etc. Pero creo que valdrá la pena, porque ese trabajo es en (redoble de tambores)...

¡UNA EDITORIAL!

Y una de verdad, ¿eh? Ya me entienden: nada de revistas médicas, ni boletines para ortopedistas, ni catálogos de Venca.

No les puedo desvelar aquí los detalles de la operación, pero les aseguro que ha sido de lo más rocambolesca, y que ha venido a confirmar una sospecha que tengo desde hace tiempo: mi kharma está siempre pendiente de joderme en las pequeñas cosas de la vida, las que molestan pero no matan, simplemente para asegurarse de que sea afortunada en las que son verdaderamente importantes para mí. Gracias, señor Kharma. No le defraudaré.